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Mar 02
2008

Cuento de Jorge Alberto Aguiar Díaz (jaad)

Eviado por jaad in literaturacuentocuba

jaad
relato  del  libro "Adiós a las almas", publicado por Letras Cubanas en 2002.

 PALOMA


Jorge Alberto Aguiar Díaz

jorgealbertoaguiar@gmail.com

a Paloma, su poema



Yo iba a lo mío: compra-venta de libros a domicilio.

Me detuve en Cuba y Desamparados.

Edificio colonial en ruinas.

Subí hasta la azotea.

Escaleras cochambrosas, mierderas y mierdosas.
Alguien me había dicho que la niña que vive en
la azotea está buscando El hombre rebelde tiene
veinte años y está buenota como una yegua pero
ten cuidado está loca ¿Loca? sí loca de remate lléval el libro y sal corriendo loca de remate ¿me oíste?

Claro que sí. Te oí. Parecías una cotorradesplumada. Viejo calvo. Impotente. Payaso. Lo repitió cinco o seis veces. Le tenía miedo a las niñaslocas de veinte años pero yo no. Yo soy JAAD, Jodido Aunque A veces Descojonado, ese perdedor quea veces gana. Y JAAD se arriesga. Hay que vivir peligrosamente. El tipo fue su profesor y se la templóen el Pre y ahora tiene miedo pero tú no. Tú buscas el libro bajo tierra y se lo llevarás a su casa yes un regalo ¿un regalo? claro princesita un regalo y quiero acostarme contigo y te la imaginas encima de ti con el pelo suelto sus tetas durísimas y mojada tan
mojada que pareces de agua tú eres de agua déjame tomar agua de tu pozo sin fondo y me arrodillo yempezará a llover y le dirás tú eres Tota yo soy Tabo dos viejos pánicos jugando a la vida beberétus flujos cósmicos y estuve buscando mi alma en tu hueco caliente te perdiste en el túnel del tiempoy ella reía tú estás loca yo estoy loco soy un caracol que se arrastra a casa que recorre cada pliegue de tusintestinos soy un caracol soy un caracol eras un caracol
JAAD eras un caracol ahora no eres otra cosa
que un pobre diablo que compra y vende libros a
domicilio que subes unas escaleras cochambrosas
mierderas y mierdosas.

Llegué a la azotea.

Una puerta.

Sobre la puerta un No pintado de rojo. Y una
frase de Dostoievsky: Me mataré para afirmar mi
insubordinación, mi nueva y terrible libertad.

Cogí aire. Tenía que reponerme. Me estaba convirtiendo
en un viejo de treinta y cinco años. Me
soplé la nariz. Visualicé la verga de un caballo. Ese
eres tú, JAAD, indómito corcel que cabalgarás sobre
la sábana y la sabana aterciopelada de una piel
primorosa. ¡Oh, gran unicornio infatigable!

Me quité el sudor de la frente y el sarro de los dientes.

Por fin toqué.

Abrió la puerta.

Borracha.

Desnuda.

—Estoy haciendo Body-art, tengo una vulva de
coloes y esta noche me voy a suicidar —dijo.
En cada mano un pincel. Un pezón rojo y otro
azul. Me quedé mirándola con descaro. ¿Cómo fue
posible que el burro profesor se acostara con aquel
encanto? Estaba fumando marihuana.

—Te ibas a suicidar, princesita. Ya no. Mira lo
que traigo para ti.

Abrió los ojos. Gritó. Se me tiró encima. Me dio
un beso en la frente y luego en los labios. JAAD
estará hecho polvo pero resucita. Apenas me rozó
tuve una erección. Muy bien, niño malo, ella va a
decirte pasa y tú pasarás y dentro de diez minutos
estarán uno dentro del otro.

—Pasa —dijo.

Palomar con paloma pensé. Palomar derruido,
carcelario, milagroso.

—Me llamo Paloma.
—Ya lo sé.
—¿Cómo lo sabes?
—Lugar común: vives en un palomar.
—¿Y tú cómo te llamas?
—JAAD.
—Ya lo sabía.
—¿Por qué?
—Lugar común: tal para cual.

Nos reímos. Dos locos a diez pisos sobre el nivel
de la ciudad. Su cuarto era pequeñísimo. Todo
de madera. No había baño. Una puerta conducía a
la azotea. Asomé la cabeza.

A lo lejos, el mar.

—No tengo dinero pero quiero el libro.
—Es un regalo.
—¿Un regalo?
—Claro princesita un regalo y quiero acostarme
contigo.

Me dió ron y me pasó la marihuana.
Me dijo que me quitara los zapatos. Para entrar
en mi cuartucho hay que amar la vida, vivir sin
miedos ¿te gustan mis poemas? Me señaló una pared.
Había de todo. Lorca, Eliot, Mandelstam, Casal,
Pavese. Escribí algo mío. Claro que sí, JAAD,
tu nombre debía estar al lado de esa gente.
Me senté en el piso. Se sentó frente a mí. ¡Ah,
que bien! Me mandó tu profesor ese descarado cara
de buey y picha de merengue yo tenía diecisiete y
me acosté con él porque me dio la gana me gustaron
sus cincuenta años después se volvió un cínico
todo el mundo es cínico tú también ¿verdad, JAAD?
Un poco sí qué le vamos a hacer y se ríe y te da un
beso y sentí el calor de sus entrañas a través de su
boca ¿te quieres acostar conmigo? claro le dijiste
claro que sí princesita si antes de conocerte ya quería
acostarme contigo e imaginé que rodábamos por
el piso y te subías arriba de mí y te abrías para mí
así estuvimos una hora dos horas tres hoas y
jugáabmos a vivir uno dentro del otro y tú te reíste
y nos paramos en el alero para volar y me dirías
soy una paloma empújame y te empujaría y serías
libre.

—¿Todo eso está en tu mente? —preguntó
abriendo los ojos y las piernas.
—Sí. Cuando no soporto más me encierro dentro
de mí a soñar.
—Tócame. No soy un sueño.

Toqué sus teticas. Bajé la mano. Toqué su pubis.

A lo lejos escuchaba el mar y entre mis dedos
sentía cada pulsación de las olas.

—Dicen que estoy loca. A lo mejor tienen razón.
¿Estoy loca? No sé, pero cada día quiero vivir
menos allá afuera.
—La imaginación es el verdadero reino de la libertad.
—Déjame tocarte.
—Tócame.

Tocó y pintó mi cara. Tocó y pintó mi cuerpo.
Pintó líneas y círculos sobre su piel que se erizaba.
Se convirtió en erizo y hundía en mi deseo y mi
sangre sus púas punzantes.

Quise entrar por su vagina y salir por su boca
manchada de amarillo. Boca grande manchada de
amarillo. Entrar por su vagina y salir por el otro
lado del univeso.

—Vamos a jugar a Tota y Tabo —dijo de repente.
Corrió hasta los libros que tenía amontonados
en un rincón y sacó Dos viejos pánicos. Comenzó
a leer. Tabo ¿Qué? Vamos a jugar. No. ¿No? ¿Y
qué haremos? Recortar y quemar. Sí, Tota, hay
que quemar a la gente. Ayer quemé doscientas, y
hoy pienso quemar quinientas. Paloma se reía.
Siempre juego a Tota y Tabo yo también ¡qué raro
¿verdad?! no ha nada raro JAAD todo se conecta
ella y tú su vida y tu muerte tu muerte y su vida
ella que es Tabo tú que eres Tota vamos a jugar y
jugaron.

Sacó otro cigarro. Bebimos. Cantos Gregorianos.
Incienso. En la azotea se recostó al muro. Se inclinó.
Abrió las piernas. No pensé en otra cosa que
hundirme dentro de ella, que entrar suave y después
con fuerza. Con fuerza, JAAD sin miedo y
con fuerza que hoy es el último día del mundo. Ella
gime y tú la besas y tú gimes y ella te besa y el aire
y el sol y el cielo nublado y vista hermosa de una
ciudad que se pudre y me hundo te hundes nos hundimos
y te subo al alero y ella que ríe aquí te quiero
lamer morder chupar comerme tus entrañas parecía
un ángel serás un ángel siempre un ángel que
todo el mundo pase y te vea desnuda y que lo vean a
él hurgando como zapador en tierra minada voy a
explotar explota princesita y explotaría una y mil
veces más y estarían allí los dos hasta que llueva y la
lluvia los dejó acurrucados con frío y se darán calor
como yegua y caballo limpiándose las heridas.

—Empújame. Quiero volar. Vamos JAAD,
empújame.
—No.
—Empújame.
—No.
—Empújame.
—No.

Y se levantó a buscar los binoculares. Vamos a
ver el crepúsculo. El sol cayendo dentro del mar,
allá a lo lejos, y barcos en la bahía y pescadores
somnolientos y rojo sobre gris. Nos besamos. Me
dijo que era muy triste morir sin ver el mundo. El
Mundo. ¿Cómo es el Mundo’ Le hablé de Madrid.

--¿Estuviste en Madrid? ¿Por qué regresaste?
—Por amor.
—¿Por amor? ¿Amor a quién? ¿Amor a Cuba?
Amor a la patria. Extraño sentimiento. Pasión
enfermiza. Delirio que somete y libera. Ser rey y
esclavo.
—Por amor a una mujer, parece ridículo ¿verdad?

Le dije un poema de amor y un poema patriótico:
El trapo heroico de Poveda. Vimos a lo lejos la
bandera de la estrella soliaria. Demasiada soledad.
El frío de las estrellas. Muerte cósmica. El frío de
Casal. Hablamos de Casal. Se había leído toda su
poesía. Por supuesto, aquel verso: tranquilo iré a
dormir con los pequeños.

Miró hacia la calle. Quería volar. Todo su cuerpo
quería volar. JAAD lo sabía. Se le acercó y la
abrazó. Podía escaparse en un segundo.

—Cuando te vayas me tiro. Voy a volar y dormiré
con los pequeños. Mi cabeza contra el asfalto.

--¿No te gusta esa imagen?

La besé.

Ya era de noche.

—Vete, llegó la hora.
—Un hombre rebelde es un hombre que un día
dice no —dije de memoria el comienzo del libro.

Quedó en silencio.

—¿No te alegró el regalo? ¿No querías tenerlo?
Temblaba. Puro temblor por dentro y por fuera.

—¿Cómo es que te vas a matar? Ellos están locos,
nosotros no.

Seguí hablando para distraerla.

—¿Sabes lo que quise hacer cuando terminé de
leerme El hombre rebelde? Escribir NO en todas
las paredes. Salir a la calle y pintar No en todas
las paredes. ¿Te imaginas, Paloma? un NO que
iba a entrar por los ojos y quedarse en la conciencia
de toda la gente.

Miraba al horizonte. Ya no me escuchaba. Se
alejó de mí. Me dejó en el muro y regresó al cuarto.

—Vimos el crepúsculo, Paloma, y tenemos que
ver el amanecer.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque no.
—Vamos, Paloma.
—Vete.
—Dale, princesita. Vamos a jugar otra vez a Tota
y Tabo.
—Vete.
—¿Qué me vaya? ¿Por qué?
—Vete. Hoy es el último día del mundo.

El mundo estaba loco y nosotros cuerdos. O al
revés. No importa. De todas formas no teníamos otra
opción: ser felices en medio de la guerra. Se lo dije.

—Es una frase muy linda. Yo necesito acción.
--Vete.
—Basta de palabras. Un gesto. Una acción —dije
imitando la voz de un narrador de radionovelas.

Fue otra vez hasta el rincón de los libros. Me
trajo un libro de Cesare Pavese.

—Un regalo.
—¿Un regalo?
—Sí, un regalo. Y quiero que te vayas.
—No estás hablando en serio.

—¿Por qué no? ¿Cuánta gente se mata todos los
días? Se pegan candela, se ahorcan. Yo quiero volar.
Ser libre mientras se está cayendo, pensé. También
somos unos exiliados en la tierra de la imaginación.
Ya nada sirve de nada.

--Paloma...
—No te pongas patético. Vete. Escríbeme un
poema.

Y me fui.

Recordé al profesor. Al profesor que estaba loco
de remate.

Quise quedarme. Insistí. Ya no se reía. En la azotea
quedaron los pinceles, el óleo, la paleta, los libros.

Y me fui.
Y nunca la olvidé.
Y te escribí un poema.

Bajé las escaleras. Pensé que se iba a desplomar
el edificio. Esquina de Cuba y Desamparados. Una
esquina más. Una esquina cualquiera del mundo.
En cada escalón me reía, Paloma. En cada escalón
lloraba, Paloma.

Te escribí un poema y jugué a Tota y Tabo mientras
bajaba. Despacio. Cuando llegue a la calle quiero
que hayan pasado diez años, pensó JAAD. Hay
que pensar peligrosamente. Te imaginé otra vez.
Te vi otra vez. Otra vez entramos uno dentro del
otro para escapar y escaparnos. Tú eras bella y paloma,
Paloma. Tú fuiste bella y paloma, Paloma.

Cuando llegué a la calle era de día.

Vi el cuerpo en el asfalto.

Su cabeza rota. Su boca grande pintada de amarillo.
Tocaba tus alas de paloma, Paloma. Tus alas rotas.
Alguien gritó. Alguien se asomó a una ventana.
Te besaba, Paloma. Besaba tu pico ardiente de
paloma, Paloma. Te vi caer en ese momento. Te
veía caer. Te veré caer.

Un gallo cantó.

Me arrodillaba otra vez para comerme tu fresa.
Te abría las piernas. Quería ver el Aleph. Quería
ver el insondable universo.

Y vi el sol. Me vi a mi mismo caminando rumbo
al mar.

Cerré los ojos.

Cerraría los ojos para recordar.

No tenía otra opción, Paloma.
No tendré otra opción, Paloma.
No tengo otra opción.

Recordar y recordarte, ser feliz en medio de la guerra.


Comentarios (1)Add Comment
El Blog
escrito por jorge alberto, 02/19/07
Bueno, iremos probando el Blog. Espero ir mejorando la edición. Esto es sólo para comenzar.
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