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Mar 02
2008
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¿ Cómo le crecen los senos a las niñas?Eviado por Dmis in literatura, cuba |
¿CÓMO LE CRECEN LOS SENOS A LAS NIÑAS? *
Ella es un hombre. Eso la exonera de sentarse en el inodoro. El agua y los papeles le asedian los pies, pero ella mira a ambos lados, zafa los botones del pantalón y con la naturalidad de siempre, rompe la calma del charco de orine. Hubiese deseado hacerlo como en su apartamento, dejando caer la ropa interior al suelo, una mano en el pubis y la otra sobre la rodilla. Luego se abotona, se arregla la ropa y recuerda cuando todavía se sentía un hombre.
Sandra camina despacio, quiere advertir las miradas indiscretas de las personas. En el fondo siempre fue algo excéntrica. Tiene esa ilusión de delimitar una circunferencia de tres metros, poner banderas alrededor, desvestirse y mostar que el cuerpo masculino no es solo músculo, venas alteradas, vellos duros cubriendo el pecho, el comienzo del abdomen y algunas zonas de la cara. Eso es prácticamente imposible, está convencida. No lo de las banderitas ni lo de robar un poco de espacio a los transeúntes, sino el desvestirse frente a todos, sería convocar a las fuerzas especiales para quitarle de encima a los doscientos mil hombres que le caerían a golpes. Ahora el círculo es móvil, mientras camina desplaza hacia los lados a los que se acercan, no importa el sexo. A veces las madres apartan a los hijos y Sandra ve como ellas les tapan los ojos, la presienten peligrosa, pero no le importa, su misión es atraer las miradas. A veces se inventa que es un coronel y a su paso la gente queda inmóvil: pelotón... FIRMES y ella los mira por encima del hombro y les hace un guiño para liberarlos.
Sandra se queda en un parque, sentada en un banco nadie sospecharía. La mayor dificultad está en combinar armónicamente piernas, caderas y hombros. Ella lee un libro de poemas, regalo de un hombre creyendo que Sandra era lo que aparenta. Ella trató de no aceptarlo, riesgo de alta categoría, pero él insistió dos cuadras y terminó dedicándoselo, «A una mujer extraordinariamente hermosa, desde un lugar...», la invitó a comer a su casa, con velas, sándalo y vino blanco, pero ella se despidió corriendo entre las personas.
Ella siente la brisa, la desea viento destruyendo las ciudades, devastando desde la base los edificios, música elevándose mientras la muerte arrasa. Entonces imagina volar entre las ruinas de lo que hace unas semanas era una ciudad en vías de desarrollo. Levita bocarriba, los brazos colgando, las piernas abiertas, formando un cuerpo infinito, miles de kilómetros de piel suave.
Ella es una de esas personas con fe de que el mundo agradecerá algún día su presencia. Se levanta, varios minutos sobre el duro banco la hacen sentir de nuevo hombre, le molesta ese sudor que le corre por la espalda y aunque lo lamenta, le quedan vestigios del niño que siempre trajinaban en la escuela. Por eso se sentía sombra escapando por las calles, pasillos, solares, pequeños recovecos en los sótanos de los mismos edificios que hace un rato, en su mente, destruía el viento y levitar entre las nubes más bajas y correr y esconderse de la gente, de la luz, del tiempo... de las máscaras.
Ella abusa de la soledad, todo lo recuerda de golpe. Se sentaba al final del aula, con eso al menos conseguía divisar el origen de las cosas que le lanzaban. Muchas veces prefirió soportar los ataques en el baño, lejos de las miradas femeninas. En ese tiempo ya sentía un leve interés por la manera en que a las niñas le crecían los senos y alcanzaba a excitarse con mirarlas, se metía el índice entre las piernas y presionaba el glande hasta sentirlo aumentar de tamaño, entonces, sin darse cuenta, deslizaba los otros dedos hacia la ingle y todo se volvía más caliente.
Él no pudo aguantar las presiones, los demás lo veían con círculos concéntricos en blanco y negro: preparen, apunten... Sandro es débil, su pelo a veces lo disfraza de actriz y siente miedo, se le sale por la piel. Su piel es suave y cuando aparece entre los otros, su cuerpo es diferente, cálido. Es un niño hábil con las manos, desaparece cosas entre sus dedos y si los otros lo olvidan, grita, "miren esto". Algunos se enfurecen, sienten envidia de sus habilidades y preparan en secreto el próximo ataque mientras él insiste en descifrar el secreto de las niñas. Ellas le han descubierto ciertos ademanes que no se corresponden con las actitudes de los varones. Por eso les parece atractivo, una sensualidad inusual para su edad, cierta madurez que los supera, incluso a ellas mismas. En ese momento David lo agarra del hombro, él siente en la mano las uñas de una de las niñas tratando de alcanzarlo, ese rasguño le estremece, un calor le inunda desde dentro y de afuera, del infinito y el centro de la Tierra. Ahora es un árbol al que le encajan hachas en el mismo hueco, golpes y golpes, los árboles no gritan, permanecen callados hasta que el ensañamiento termina y las hojas caen lentamente, como lágrimas hasta el suelo, ¿cómo le crecen los senos a las niñas? y no entiende bien las voces celestiales, esas atormentan durante la noche, hablan bajo, vociferan a veces en un lenguaje incomprensible, se pregunta a sí mismo, ¿siempre tendrás miedo? Después percibe los colores de una vida, la eternidad da vueltas sin detenerse, pasa por sus ojos a cada instante, en el cuerpo de un gorrión, en el viento y en las sonrisas, también en el dolor existe una eternidad más compleja.
Sandra se sienta en la hierba. Mira a ambos lados, los pocos que ahora pueden verla están inmersos en sus tareas cotidianas y aquellos estudiantes sobre el césped no tienen tiempo para invertir en mirar a un simulacro de mujer, una construcción ficticia de senos pequeñitos e ideas invertidas. Ella se siente desdeñada, de cualquier lado se siente sola(o) y el problema es la personalidad, esa energía que mueve y no la forma y ella es eso, una envoltura, un antifaz equivocado. Ella se impacienta, aguarda a un hombre que no imagina la condición de su entrepierna, ¿qué crees de los homosexuales, bueno, de los travestis?
Ella lo conoció una noche de relámpagos secos, se cubría del viento entre dos columnas importadas desde Grecia. Él se brindó a llevarla en su carro, ella dudó, consciente de lo que representa para la sociedad, una leucemia en fase terminal y la piel consumida, sin esperanzas a respirar nuevos olores. Ella se mantuvo callada, nerviosa se le despierta en la voz ese viejo trauma de haber sido un hombre llamado Sandro y los demás lo golpeaban y reían. Así esquivó con gestos las preguntas, pero casi llegando a su casa, el hombre propuso ir a un bar, compartir boleros al piano, bailar algún tema. Ella solo pudo apretarle la pierna derecha y se negó sin hablar, entonces él contestó con un beso. "Discúlpame, no podía aguantar más" y ella olvidó el temor "tú no sabes dónde te estás metiendo", pero le salió demasiado erótico, y él repitió el beso, "no importa, no tengo miedo" y por primera vez se sintió verdaderamente mujer, con vulva inundándose, manchando la ropa interior y el asiento del carro, dolores de ovarios, menstruación, nueve meses de embarazo. Ella tembló, se apretó el muslo para evitar la erección y pidió regresar a casa. Necesita meditar, soñar con el viento derribando edificios y columnas griegas, levitar entre las nubes bajas y pensar en la muerte. "Te espero en el parque a las dos y media ¿está bien?" y el tipo no vaciló en asentir. La despedida fue un beso largo, de lenguas explorando cada cavidad, esos años solitarios. "Adiós".
Sandra identifica el carro. Divisa en sus manos un ramo de flores, él intenta esconderlo, pero la clave es la acción. Ella siente un cosquilleo, se acomoda con las piernas cruzadas, ¿alguien podrá entender que a veces uno viene al mundo en un cuerpo inapropiado? y las dudas se aclaran preguntando, así, en los viejos tiempos se llegaba a Roma, pero esto no será un asalto a mano armada, aquí las cosas se resolverán analizando, pensando en el pasado, en por qué coño te enfrascaste en ser la mujer más bella de tu grupo. A veces, mientras piensas en aquella noche, tiemblas, vibran tus ojos cerrados y tu respiración se acelera. Ese día no gritaste, te sacaron del albergue y hasta las niñas los vieron. Dejaste que te llenaran de pasta y te echaran varios cubos de agua fría, por eso la neumonía. Te quitaron la ropa, ahí era justo el momento, un grito acabaría el silencio, la soledad interior, el miedo a morir virgen sin descubrir cómo le crecían los senos a las niñas. Después te llevaron hasta los surcos, allí cualquier grito era infructuoso, se perdía en la niebla, en la brisa llena de estrellas, en la luna, pero seguías sin gritar y dejaste que te metieran el primer dedo, tu expresión los convenció aún más de que tenían razón, entonces te metieron otro y tú solo diste por resoplar, por emitir un suspiro que los otros sí conocían porque ya habían estado con mujeres y era el mismo suspiro de sentirse penetrada por primera vez, de reventar el himen, lo único que ellas tienen como garantía de que por ahí los hombres no han pasado, pero tú no, relajaste los músculos, la sonrisita se hizo evidente en tus ojos, en la forma conque tus uñas se encajaron en los brazos que te agarraban y pensaron en clavarte algo más grueso y apareció un machete, con el mango entizado con una fina capa de cuero, gastada por tantas horas derribando malas hierbas y entonces dijiste "eso no" y te golpearon con el puño en la cara y te gritaron maricón. Sentiste todo derrumbándose adentro y el próximo paso fue el centímetro a centímetro del cabo del machete entrando y tú, como un émbolo, soltabas aire, una descompresión que tardó dos minutos hasta que brotó la sangre y llorando prometiste no decir nada, ni a los dioses, ni a tus padres, ni a las niñas, esconderlo para siempre dentro de ti, noche tras noche martirizándote hasta hoy, que por fin, te sientes mujer.
Ella lo invita a sentarse en la hierba, al menos este parque debería quedar intacto después que el viento destruya la ciudad. Él toma posición frente a ella, le entrega el ramo de flores. Ella podría regalarle un beso y un "muchas gracias" pero solo consigue enviarle una sonrisa y una mirada baja. Sandra empieza a enfriarse, ahora siente como se congela, un proceso agonizante que percibe en sus vellos, pero es como si él lo adivinara porque la hala de los hombros y con un fuerte agarre la une a su pecho. El cuerpo masculino no es solo fuerza, no es una masa insípida vagando por las calles de una ciudad, aunque en verdad, eso lo saben pocas personas, muy pocos hombres. Ahora necesita la verdad. Sandro no murió aquel día, solo se ocultó en la memoria y él era más que un chico débil buscando conocer el secreto de las niñas.
El nerviosismo le impide hablar, porque es la voz del otro la que saldría y ella detiene esos impulsos, precisa no mentir y lo mira fijo a los ojos, ¿pero son los ojos de hombre, los ojos de fuerza y sensualidad? y el hombre refiere esa mirada a Sandra, el cuerpo más bello de este planeta en vías de extinción. Él exige un beso. Ella detiene el tiempo con las manos y se siente sucia, un baño donde las mujeres orinan de pie, pero solamente ella posee esa habilidad, porque le quedan huellas de haber sido un hombre, pero eso es pasado, ya nunca más, no hay manera de volver el tiempo y detiene el beso. La verdad es dura pero necesita ser dicha, puesta en carteles, periódicos, rayada en las paredes, en el correo y la televisión y a veces ha pensado que nadie la trata como lo que ella es, una mujer, una MUJER y lo mira a los ojos sin miedo. Él la toma por las muñecas, ella gira las manos, se zafa y se las agarra a él. "Escúchame" dice y él se inventa imágenes de escape, posibles suicidios, última salida, esquizofrenia, ¿quién determina antes de morir, cómo se morirá? y ella lo aprieta, sus energías confluyendo en ese punto, en su mirada, "mi nombre...", ella podría sentirse destrozada pero ahora necesita ser libre, necesita levitar de brazos y piernas abiertas semiflexionadas, cerrando el círculo en los pies, kilómetros y kilómetros de piel suave, después quizás queden esperanzas, "mi nombre es Sandro" y es la otra voz, la oculta desde aquella noche, de aquel año, perdida en las miles de autopistas de tierra removida y ella ahora es más fuerte, después de todo nunca descubrió, en verdad, ya ni siquiera le importa, cómo le crecen los senos a las niñas.
* cuento publicado en el libro de cuentos del mismo título, ¿Cómo le crecen los senos a las niñas? (Letras Cubanas, 2004)




Un abrazo de tu tío.
Esteban