Primero debía sacar el saco con las cosas hasta el pasillo del fondo. Después, y sin que nadie lograra seguir con el rabillo del ojo el lugar por donde sacaba el cuerpo, debía reunirse con el saco. Hecho, no siempre salía tan bien como hoy. Era verdad que el suelo estaba enfangado y podrían ensuciarse los bajos del pantalón, pero con este disfraz no era importante, la puerta del cuartucho donde tenía lo otro ya estaba abierta, con dos movimientos rápidos el payaso se puso su máscara de payaso y salió con su carro de basura hacia el parque de la gran ciudad, donde no tenía otro nombre ni otra cara que esa para divertir a los niños además de limpiarnos la basura. Esta es la ciudad del 2030. Welcome. Todos los edificios terminan en una aguja de cristal, no le pregunten al tipo del carro para sanear porque no sabe, nunca ha subido a ninguna.
No hay basura en las calles, sino entre ellas, ni siquiera sé si a estos tubos de polietileno por donde avanza la humanidad, puede llamárseles calles, el espacio que los separa de otros es un auténtico vertedero, la diferencia es que dentro de los tubos limpian androides y fuera de los tubos limpian, bueno, los limpiaentretubos que por problemas de discriminación social usan disfraces. Hoy la humedad relativa sobrepasa el punto máximo, o así le parece a este hombre de risa pintada, alza las palas con restos y escombros mojados y los echa en los latones, el vapor de un químico los reduce a nada, pero el agua siempre se queda y tiene que ir a tirarla lejos por lo menos del sitio donde limpia. No habla con nadie pero a él todos le hablan, insultos van, insultos vienen, algún sociólogo le hace unos fotos, pero los niños siempre son un consuelo, tanto que el payaso cree que su verdadero trabajo es hacer sonreír a la infancia. Una niña vestida de negro pega la cara contra la pared del tubo para mirar hacia fuera, parece un pez dentro de un acuario. Claro, él sabe que para ella el animal es él, una especie de muchos colores con palas y escobillones para morirse de la risa. La niña lleva largo rato mirándolo, de sus pendientes sale una música rock pasada de moda, tiene la cara seria y se mueve como buscando algo. El sabe lo que busca, es una salida para ver el disfraz de cerca, pero no hay salidas de este lado. La niña está sola, se lo dice, estoy sola, por dónde salgo, por favor. Hay mal olor aquí, le responde, aunque no sabe por qué lo dice, nunca ha estado dentro de un tubo, así es que no puede comparar el olor si no sabe como estos huelen. Sigue tu camino. Tengo que hablarte, dice la niña testaruda y le enseña una tarjeta. La pala se queda quieta un minuto. El hombre de la risa pintada ha visto la tarjeta, es de esas de dinero rápido y fácil, puede sacarse de cajas exteriores de cualquier tipo, por favor, dice la niña. El hombre piensa en su familia, piensa en que hay una caja cerca del pasillo donde guarda los utensilios, donde guarda la máscara y recupera su nombre. La salida es por el otro lado. No sabe lo que dice. Es por allá, señala, no quiere decirle de qué color exacto es su voz. Ella entiende. Las agujas están más altas, el cielo allá arriba casi no puede verse, otros que pasan le tiran fotografías, la niña no demora, le dice que ella quiere ver su rostro, el verdadero, vete, responde él, vete ya, no, le enseña la tarjeta y él se pregunta si estará activa, si la moral es cuestión de dinero, él además del payaso también es un hombre en esta ciudad, la niña quiere comprobar si es de carne y hueso, si es un androide, qué eres, le pregunta abiertamente, él calla, no lo sé, pero cómo, no te interesa decirlo, le da la tarjeta, no puedo, claro, no puedo. El payaso va a quitarse la careta, la risa pintada, el dolor de los tubos que lo excluyen, va a ser feliz. Y si la tarjeta no sirve, no puedo decirles así como así que tengo rostro. Alguien ha descubierto a la niña, ha dado el aviso, ella corre. El no puede seguir el trabajo, otros llegan con otras formas y color en los disfraces, le quitan la tarjeta lo montan en un vehículo, Disturbios Públicos S.A, tiene un letrero que lo dice. El payaso se va. Mañana la niña regresará con su oferta y se la hará quizás a un elefante.
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