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"El hombre invisible" Imprimir E-Mail
escrito por Kevin Boavides   

Yo he re descubierto el secreto (perdido durante siglos) de la invisibilidad. No soy un médico de renombre; no soy un genio, ni un lunático en potencia; no soy, siquiera, un hombre especial. Soy, poco más o menos, como cualquier otra persona: pero me basta llegar a un centro comercial para que mi cuerpo se disuelva en el aire. Puedo mirar durante horas cualquier equipo de música, jugar con sus teclas y calibrar sus virtudes, sin que ningún dependiente note mi presencia.


ImagenTodos saben, con solo mirarme, que en mi billetera sólo llevo mariposas disecadas. Camino como un fantasma por los corredores de las tiendas. Leo con paciencia las marcas y anuncios. Me pongo la ropa con toda naturalidad. Ningún probador se ha revelado nunca contra mi existencia. Me miro en el espejo: sí, me sientan las prendas caras. Discuto conmigo mismo sobre las ventajas o desventajas de tal producto, sin ser molestado, en lo absoluto, por los vendedores. A mi alrededor, el huracán de los consumidores desata su locura, y provoca estrés y rapiña y soledad... en otros; pues mi invisibilidad me protege de esos efectos.
Cuántas veces he bendecido la habilidad de vagar por las bouttiques, sin ser objeto de miradas desdeñosas. Observo descaradamente a los agobiados y prósperos compradores, mientras ojean y examinan las alhajas. No puedo evitar sentir un poco de pena. Sus vidas me parecen un calvario de esfuerzos inútiles, para alcanzar la felicidad a través de la posesión.
A veces, en honor a la verdad, he sentido la tentación de abandonar el refugio de mi transparencia. Entonces me baño, visto a la moda y arreglo mis greñas con un peinado moderno. De inmediato, sin necesidad de salir a la calle, siento el asedio. Los gestos de dependencia, las sonrisas a plazos fijos, los ojos que tasan: la sutil pupila verde de la sociedad, que alguien dijera, el ojo de Dios. Entonces me desnudo y me acuesto avergonzado. A lo largo de los años, estas experiencias se han vuelto cada vez más inusuales. Los hombres con cuerpo han llegado a serme tan ajenos, que me pregunto cómo se podría vivir sino invisible. Lo único que lamento de este don, es no se pueda usar para espiar a bellas jóvenes en sus dormitorios.

 


Kevin Boavides
Acerca del Autor:
Escritor, Graduado de Filosofía. Profesor de Estética en el Instituto Superior de Arte. Premio Beca Caballo de Coral 2004 por proyecto de libro de cuentos.
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Comentarios (2)Add Comment
Pre-medico
escrito por Gastropov, 10/03/07
Algo real, y la vez pervertido hacia el final...pero muy bien escrito.
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Deleuze y Kevin o del co'mo devenir-invisible
escrito por Cubano en Michigan, 02/15/08
Fascinante la propuesta de Kevin. El cuento invierte la propuesta de Baudrillard en Simulacra/simulacrum y lo 'real' (que llamo la atencion a Gastropov) queda subvertido por la incapacidad del 'hombre-invisible' de actuar como 'voyeur' de la realidad-paralela a su condicion de 'transparencia.' El sujeto-larval, para utilizar una idea de Deleuze y Guattari, deviene-invisible en la medida en su condicion de 'sujeto' (en el doble sentido de Foucault) reconoce su condicion como tal pero no puede safarse de ella. Creo que este cuento es una excelente metafora sobre como actuan los mecanimos de poder, las relaciones de poder, para formar al sujeto narrativamente. Invito a todos los que lean esta pieza de aparente ficcion a que comenten y expresen ideas, al final, de estas ideas crece la razon del sujeto para dejar de ser, si eso fuera posible, invisible.
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