(cuento de aventuras)
Antonia Álvarez nació el 4 de agosto de 1971. Llegó al mundo en un parto difícil, única hija de Mercedes y Ramiro. Mercedes nunca olvidaría la primera vez que la vio, en manos del médico y gritando como si la hubiesen molestado de un sueño acogedor. Por eso decidió protegerla como si tuviera con ella una deuda muy grande. Esa protección la abandonó en la tercera noche que no pudo dormir. Ramiro siguió con sus amantes hasta el divorcio, cuando Antonia estaba en la adolescencia. En su fiesta de quince años pudo haber tenido su primera experiencia sexual pero prefirió dejarla para el día siguiente; y lo hubiera tenido si Raúl no se hubiese ido del país con toda su familia, de improviso, esa misma noche.
Buscó a Raúl en todos los jóvenes que conoció pero ninguno sabía sonreír como él, y prefirió esperarlo sin tener noticias. Hasta llegar Andrea que la sacó de sus cabales en la universidad con sus privilegios de extranjero y su nombre ambiguo. Después de graduada se la llevó a Florencia, donde no podía ser abogada pero vivía en un apartamento desde donde se veía, como en las películas, el inmenso domo de Santa María de las Flores.
Una tarde cálida descubrió, por casualidad, en un rincón de una gaveta de Andrea una película porno que tenía entre dos rubias de portada, un hombre que por su sonrisa tenía que ser Raúl, que ahora se hacía llamar Raél. La tristeza no la dejó dormir en toda la noche y el fin de semana siguiente ya estaba en Cuba. Mercedes se había mudado a un pueblito de Matanzas con un guajiro de privilegios similares a los de un italiano y Ramiro vivía con una mulata de la edad de Antonia en una ciudadela que amenazaba desplomarse con cada movimiento de la mulata.
Antonia Álvarez reconoció su tierra y de paso reafirmó la frialdad de la relaciones que siempre tuvo con los que la trajeron al mundo. Se alquiló un apartamento en un piso 22 desde donde veía, como en otra película, las calles del Vedado y comenzó a escribir una novela para su hijo.
Antonia estaba embarazada y lo supo, como la primera de las corazonadas, cuando pisó tierra cubana. Esto fue el 10 de mayo del 2004 y es el final de la historia.
a mi hija ana, que no ha nacido
PREFACIO:
Digamos que me llamo Ana y de todas las vueltas que he dado por el mundo, que es bien pequeño según he podido comprobar, solo una cosa vale la pena que os cuente: la tarde en que llegué sola a una isla del Caribe llamada Cuba, y viví la más excitante aventura para una mujer que no espera ya ser sorprendida por nada. Pero para eso debo hablar más de mí.
Nací cerca de Roma, en una familia que ya me tenía el futuro organizado. Queriendo burlarlo cuando era muy joven deseché las leyes por la historia del arte y creo que eso también estaba previsto porque no mostraron ningún síntoma de molestia y hasta intervinieron en que los caminos se me abrieran. Tenía que hacer algo de veras grande para desprenderme de una familia tan bien estructurada como una organización siciliana: me fui a Florencia con un actor negro. Así mi familia me dio por perdida y yo me dediqué a Raél, excelente actor con gran experiencia tras las cámaras.
Todo iba bien hasta que conocí a Andrea, que tenía otros privilegios. En sus visitas, Andrea se fue aficionando a las películas de mi Rael, hasta que robó, a mi gusto, la peor: “Las americanas feas”. Por la pérdida de la película y otras sospechas mi Rael y yo terminamos. Mi familia intentó una reunificación que obedecí hasta salir de Italia con todo el dinero que pude burlarles y los deseos de escribir un libro sobre arte en el caribe. A partir de ahí comienza la historia de este libro que terminó siendo algo muy distinto a lo que yo había imaginado. Se lo dedico también con cariño a esos memorables tres: a Raél, a Andrea y a mi papá, siciliano.
Raél y Andrea después de la pelea que ha dejado desordenada toda la habitación están sentados, recuperándose. Entre las cosas revueltas encuentran una foto de Antonia en sus quince años…con Raúl
-¿Me prestas tu teléfono? –le dice Raél mientras presiona su labio inferior con un borde de la mano para detener la sangre.
-¿Que vas a hacer?
Raél marca y espera.
- Dígale a Don Carlo que Ana se ha ido a Cuba, que nos vemos hay en el lugar, que no haya preocupaciones por la persona que va conmigo, es de confiar.
Cuelga y mira a Andrea:
-Recoge lo que creas necesario que salimos mañana a buscarla. Trigueña como esa no se pierde tan fácilmente.
10 de mayo de 2004
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Recibe un cordial saludo de,
la amiga de Abraham.