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SOLARISTICA Imprimir E-Mail
escrito por Ernesto René Rodríguez   

Venías andando Prado. Como siempre, deprisa y sin brújula en este mundo -¿dónde es el fuego, niña?-. Me pasas de largo y uno aquí, ves, acaramelado con tu presencia, así estuvieras a unas veinte mil leguas de viaje submarino, más tresmil500kmluz de distancia. Sí, todo un record. Además, no podía faltar, aparecías acompañada de ese lastre entintado en monerías, impuestas y postizas, ad libitum. Acaso sea por eso, porque lo haces a corazonada, que tus ademanes me resultan un placer. Por supuesto, esto no se queda ahí, traías sobre tu cabello esa pizca de sal, el sello distintivo que caracteriza a tu look, algo indescifrable y porque sí, porque te da la gana y ya está: uno de esos toldos, pañuelos o como se llamen, a lo musulmana que es inevitable no te singularicen de los demás, no resaltes entre las demás, así te encuentres rodeada de afganas.

En mi caso, un poco más ligero de equipaje, pasito a paso, también chancleteaba la vieja Habana. Pero a estas alturas, es difícil precisar, cuando nos cruzamos, cuál de los dos subía o bajaba; claro, en un final, es un detalle insignificante. Lo que sí no da igual ni se escribe de la misma manera, es que si en dicho punto todo indicaba que nos excluíamos, pues, no se estaba lejos de lo probable, de otra cercanía menos inverosímil, digamos, a lo cometa Halley, menos aún cada 76 anos. En honor a la verdad, ya no podría esperar tal exageración, me derretiría igual a pingüinos exportados a esa zeta y dos ceros que es el zoológico apenas a par de pasos de tu casa –No, no silvió.
Si bien este día, esa hora, ese amanecer, aparte de la otra tarde en el mismo sitio, en el mismo lunes -¿lunes?, cosa rara-, tu estuvieras en compañía de..., para mí no existía nadie más, sólo tú, única entre los androides del Paseo del Prado. Pero sabes, ya era hora de chocar contigo, de que desinflaras el globo terráqueo en el que me encontraba; da igual si tocaría las estrellas o me dejaras aquí plantado tal sanaco paquidérmico –no, no tengo la menor idea de lo que es un sanaco, pero el adjetivo te da algunas pistas-. Como no se me ocurría nada, te quise preguntar si por la zona quedaba algo así como las canchas de 70. Sí, puedes reírte todo lo que quieras, la risa es recomendable para la salud. Pero, advertí que eran las menos cuartos y que las canchas estaban muy lejos, tal vez como tú, como los setenta; época que, por decirlo de alguna manera, hacia ratón y queso jugaba yo al quimbe y cuarta y tú (personita feliz), casi a las menos cuartos, en tercer aniversario de los Reyes 73, acababas de aterrizar en este mundo-jeroglífico.
Sin duda, por qué no, eran las menos cuartos cuando nos cruzamos sin tanto drama en Prado y Trocadero por no venir al caso el nombre de otra calle lateral que ignoro como se llame. Y por encontrarme cerca, casi en Trocadero en comparación a la verdad de tu presencia fisica, no conseguía dejar de recordar aquel insólito verso de Ah, que tu escapes en el instante... Bueno, para qué, si ya te lo sabías. Tampoco podía evitar, podías evitar, que me obligaras a continuar camino sin antes lanzarte un ultimo vistazo, de arriba-abajo y de costado a costado. Como traías al lado a un extra-continente-tal-apéndice-de-las-Bermudas, hasta se me pasó entre ceja y ceja girarte un piropito pa molestar, pa crear de una y por todas ruido en el sistema, un piropo bien sonado, inclusive, en la Galaxia Vega: ¨¡a celestial event-not words-I haven’t words(para describirlo)-they would send a poet-is poesi-is so beuterfull.¨
Y como si no hubiera sido conmigo, de repente se detuvieron. Más bien, a pesar de otra la intención, eras tú la que, a duras penas, se detenía. Sin embargo, no para posarle a un diafragma automático que, al ejecutarse el obturador, quedaras instantánea casi para nada, sino para regalarme la imagen que tiempo después por viceversa, y según tu por deuda, me pertenecía como si fuese regalo de cumpleaños. Ni siquiera en el reverso de la photography aparecería sombra de mí en retrospectiva al angular que por naturaleza se pegaba como chicle a tu regazo.
Ya sé que eres actriz, pero eso de aparecer en escena, iba a suceder, según tus puntuales teorías de un día menos pensado, a la hora y en el lugar indicado, o sea, cuando te encontraras sin perro ni gatitos y yo te convenciera de que era otro animalito digno de reconsiderar en dicha fauna. Pero si le hacemos caso a la poesía, a las autenticas y sorprendentes noticias de ti misma, el punto y aparte no estaba lejos del tres puntos suspensivos:
...volverías a dejarme sin referencia y en esta ocasión en un agudo-sostenido. Por supuesto, esta ausencia me picaba que me triplicaba al decimal simplificado elevado al alelado punto de mandarlo to p’l Carajo... tan temprano como sea posible.
Pero aritméticamente hablando (aquí, entre tu y yo), no se trataba de resolver una operación analógica-binocular: Becareful, its my heart!

versión notificada: Sin más remedio que inventarla en el aire, apelé al aire. Recuerda, estábamos en octubre, bajo la égida de la balanza (palabra que le gustaba a Larissa –sí, tu nombre era Larissa-) y te invité a Solaris. Dios mío, estaba lloviendo, el agua entraba en los zapatos, todo era un océano, pero había que ir. No podía dejar que te la perdieras, así la estuvieran pasando en el sala más recóndita de la ciudad. A cambio me ofrecisteis una mandarina, una cola sin helado y sin cafeína en Coppelia, sin ti, sin las menos cuartos. Como nada de esto pronosticaba antecedentes histriónicos, ALARMA en tiempos de guerra. A partir del modelo made in-E{¡?=)(//&´|%#””!”?????*¡?[_:;”{.´+¿’¿’¨¨*** que tengo por corazón, metí la pata y te entregue la ruina de mis manos sudadas, el enredo de las palabras (not-words) atrabancadas en la garganta, el salto de vena y los nervios haciendo de las suyas, convirtiéndome en otra cosa: una especie de mutante en peligro de extensión. Pero también te regalé a la usanza, una blusa acrisolada con ribetes fucsias y a la moda, una carta-solarística, una señorita (digna de una mordida y otra más hasta el limite de la nada) acompañada de un té de vainilla (chic) conseguido en la bolsa negra del señor del saco, en otros términos, a través de Hitxsel Hokkaido, un coleguita que se brindo como el primero.
Si por ache o por B de vaca, H. H. te hubiese encontrado, la variante más próxima al dialogo es igual a: “Buenas noches”.– Buenas noches. –¿Eres la chica de este cuento? –Eso dicen... o más bien el autor de este cuento. –Ya veo. Mi nombre es Hitxsel Hokkaido. –¡Ah!,¡OH! Y... ¡Mucho gusto, Larissa! –¡Es un nombre griego! –No sabía, pensaba que era ruso. –Pues ya lo ve, así son las cosas, en cambio el mío es... –¡¿Decimos adiós?! –¡Y pedimos a Dios! ¡Qué la energía la acompañe!
Podrías muy bien quedarte pensando en la energía eléctrica o en la compañía de la luz. Y si fuese así, pues, entonces, estabas caliente porque qué mas da: –¡Qué la luz te acompañe!

club de jóvenes de Ambatondrazaka: Si usted se prepara a cambiar de domicilio, le rogamos que avise de antemano a la firma que formalizo su suscripción. Confortables tablas para ensayar y descansar. Derecho a 36kg de piezas y subtextos en lugar de los 25 acostumbrados. Menú especial, con posibilidad de elegir un amplio surtido de entreactos, talleres y laboratorios con vista al publico. Especial comida tanto en la tierra como durante el vuelo. Infórmese sobre los vuelos con business class en cualquier representación de air-Amba. ??
A juzgar por la prensa, el escenario histriónico del territorio nacional tiene canteras suficientes con las cuales contar en nuestros escenarios sin la anabiosis del sensacionalismo. Esto es valido sobre todo para las grandes fabricas de la vocación al oeste de la ciudad con guagüitas amarillas incluidas o de la Leyland corporation. Pueden solicitar la película IPED y visualizar.
Parece mentira que alguien como tu, todavía se encuentre dentro de tal globo terráqueo como berraco. Mi misión (¿Robinsón?) sería rescatarte, aunque ya supiera de antemano que vienes a ser la exclusividad de la regla. Tal vez solo se trate de eso. Probablemente por estos días tengas la roja; no obstante, perdona, pero no me lo creo, esa te da entre el 15’16 al 21’22 del mes en curso. A la inversa de ti y de supuestos o no personajes antagonistas que secundarios, denota en mí una falta coincidencia entre lo que oímos y vemos. Diría que sugiere la esterilidad sin ambivalencias de ningún tipo, la monotonía dada al caso gramatical del episodio. Sí, ya sé que no entiendes nada –yo tampoco– de lo que te cuento al menos por ahora. Pero mira, siempre hay un pero debido a la necesidad del argumento. El ademán te lo agradezco. Llevar la conversación a otro nivel seria dorar la paradoja mas que agotar la gota a la raíz cuadrada de las sequías. A pesar de que no lo parezca, aquí no se hace sino hablarte en el tonito poli semántico que habitualmente usas a lo Cusa-Pitusa. Aun así te estoy llevando en tablitas por considerar que estas escapa a lo, digamos, Larissa Shepitco; por supuesto, salvando las distancias (9550 según el canal 6... ¿en el 84? Dios mío, ¿20 años no son nada?) entre ambas actrices. Ya quisiera ser tu Elem Klimov, ganas no me faltarían.
Regresando al lenguaje anacrónico, en términos especializados, pa’tras ni pa’cogel impulso. Según estadísticas de to’los países uníos por el planisferio del mapamundi, el meridional de Madagascar es laceteado a través del Trópico de Capricornio. Si esto no te da un norte, no te dice nada, si las señales no alcanzan, no señalan, don’t worry... Ya te conseguiré la peli, Fernando Pérez es un coleguita de la Ulandstrasse
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el # que usted solicita está fuera de servicio: Salía del Jospital cuando te encontré en Conil y 43, compraste unos NIKE y una puesta de luna pa tu ventana. Ayer le di vuelta al asunto de mi futura prueba AIDS, lo cual, comprendí la impronta de la inmediatez (valga la redundancia) porque sino ojos que te vieron... Quién me mandaría a decirte que la chica-yunai-triss-company –perdona si no te lo había comunicado de antemano, pero aquí cualquiera tiene un chico, una chica extra-continental–, se había enterado de que su ex había contraído el virus en los filis extra-territoriales de dicha relación. Y que a mí no se me paraba con preservativo: la aeronautica no me interesa.
Al llegar al Jospital aquello no estaba pa mí, disculpa, pero me sobrecogió una indisposición de tal envergadura que ni pa qué; por la misma puerta que entré salía por emergencia como el bateador designado. Sabía, desde la precocidad de los tiempos –porque ese tipo de cosas solo me sucede a mí–, que si no me ofrecía como conejillo de indias con la pruebita versus-AIDS, Ay, no h’aids-versus..., nunca me contaminaría así me acostara con un batallón de sidosas; claro está, eso no me pega ni con cola-loca ni queso lunar, a no ser la filosofía más apropiada de una canción de Silvio –pliss, play en La era está pariendo un corazón–. No obstante, horas más tarde recibía una llamadita de la yuma a pagar allá, en la cual me notificaba que todos los resultados le habían resultado negativos (valga, ahora sí, la redundancia). Pero mira que acotación más curiosa esta que te contaré: A diferencia de ti, la chica de la Yunay, como la de Ignatius en la Conjura de los Necios, (pliss, exportarse a la última pag de esta novela), no me había dejado en esas doremifasolasi in crescendo sostenido a través de su auricular con supermicrochips de última generación incorporados a las menos cuartos por principios cardiológicos. Espero, sin caritas, que esta anécdota, al menos te de un norte del Trópico de Cáncer en el que te encuentras. Y si me preguntas qué es lo que quiero, lo que quiero yo, pues mira tú lo que se me ocurre, la fuerza de la nostalgia: para que te sientas más linda, pa que te veas mejol.
Entonces, ¿dónde nos quedamos? Ya, capte, en el supermarket de Conil y 43. Allí te vi, sin margaritas, sin mantel, comprando el circunspecto hechizo del capitalismo con los súper fulas falsos fabricados en una equis compañía S.A. de tu amigo el amcichi-el miki-miqui. No me quisisteis dirigir la palabra, por eso te compré un chicle para que recuperaras la memoria. ¿Qué otra cosa te podía comprar, si no tenía ni compañía ni la ese ni la A de la American Spress en los bolsillos? Ni siquiera me disteis las gracias, aún así lo preferí a esa fór-mula que tienen hoy día la estética de sonrisas vacías en divisas plenamente convertibles en centros no tan control-remotos de calidad como cualquier centro de trabajo con guagüitas rubias incluidas. ¡Qué pesao eres!, llegaste por fin a decir algo de boca pa fuera y se folmó tremendo sal pa fuera...
Después de invitarme a coditos de maíz el día de mi cumpleaños, sí, ya no te vi más. Recuerda que, ni Dios lo quiera, no te volvería a llamar mientras tupieras el teléfono con ese tonito impertinente que últimamente has adoptado por malcriada y majadera. Aún así, volviste a salirte con la tuya un día ahí, y de buenas a primera, cometí la estupidez de no saber si eras un ángel o un rubí, “mira que te pones como te pones”, pensaste, mal pensá. Entonces fui y alguien, por equis razones, me prestó una tarjeta-X con # de código de escasos menudos; como es netchtural, me conecté al servidor de ETECSA desde una pantalla vil-tual, pasando por alto cualquier biotipo de tonitos fuera de picoswebpuntocom, y te leí, a carretilla pura del corazón (con principio, nudo y desenlace incluido) este cuento sin pie ni cabeza pa nunca acabal.

desde el alba te esperé ayer:
y las gotas corren por las ramas frías.
Arseni Tarkovski.

Después de todo, con sida o no, tuvimos otra cita, pero al coprotagonista de esta historia se le habían escapado todos los medios de transporte. No podía apelar ni tan siquiera a su bicicleta china ya que esta se encontraba en china-y-cacareando, con el usual agujero y mil de ellos más en la cámara trasera, (out en home apenas...)apenas al salir de casa con el pie izquierdo en pos de una cita entre comillas: Flash back, amor en el teléfono: “recuerda, a las menos cuartos, te espero en el octal de la cinemateca” –dijo ella. “¡sí amol, en el octal!” –dijo él. “que no se te olvide lo que me prometiste, o sea, el dulcesito” –enfatiza ella. “¡descuida amol!” –enfatiza él.
Naturalmente, era sábado en la noche y un amigo está en Toledo. En dicha cinemateca te cierran las puertas a las 8 de la noche, hora en que comienzan a pasar la película; a partir de ahí es un lío escabroso transgredir la verja de cristal si uno llega cuarto de hora más tarde. A no ser... y él, Elem, conocía desde tiempos prehistóricos aquella receta que Anubis le había enviado en una botella para atravesar la eternidad.
Como le precisaba estar en el lugar a las 7 y 45 para hacer entrega de lo prometido es deuda, pensó, sin pestañar, coger una botella que lo depositara a las menos cuartos ante las narices de ella. De narices se dio contra la dura realidad cuando en 41 y 42 se encontró con Hitxsell Hokkaido y este le comunicaría que ya eran las menos cuartos; por lo tanto era absurdo intentarlo, que refrescara y asumiera que nunca es tarde si la luz de alante es la que alumbra. Pues dejándose llevar por las palabras de su yunta, su centro locomotriz lo encaminó a 3500kmluz de distancia; Date cuenta, era sábado en la noche y si te logras montar en un P4 en 41 y 42 ni soñar con bajarte en 12 y 23 a las menos cuartos; de 100 probabilidades una y ten cuidado. Vaya, yo te digo a ti, que deberían seguir el ejemplo de la cultura y masificar el transporte. ¿Por qué hasta cuando María Remolá? –Ah sí... Ah no. ¿Has dicho Masificar? –Sí. –¡Individualizarlo, dirás! A ver si cojo algo que tenga más de dos ruedas en adelante –risas-.
Por fin, al llegar al cine, lengua afuera y el grajo en su apogeo, H. H. tampoco se quedaba atrás, of course, Anubis les abrió la verja de vidrió, subía no más un poquito el aire acondicionado del recinto y en la sala oscura los conducía hasta la butaca más apropiada, donde él,
Elem, sin apenas esfuerzo, ubicaría un rostro entre los rostros. Dicho rostro, tal flor en el rosal, se encontraba sumergido e iluminao bajo los reflejos que desprendía desde una gran pantalla el Caballero de la Triste Figura. Sí, aquella noche, pasaban Don Quijote y nuestro coprotagonista, después de soltar el bofe en la consabida caminata olímpica, cargaba las pilas, alimentando eso que llaman alma, con los destellos de aquel semblante, de aquella Dulcinea cada vez con más intensidad y belleza al unísono tempo de las palabras del Hidalgo, Alfonso Quijano: Nosotros, los Caballeros Andantes siempre olvidamos de comer porque siempre andamos de flores. Más que darse cuenta de que era ella, no había molinos de vientos que le impidieran contemplarla como su Dulcinea de Nuevo Vedado. Tal Dulcinea, le había dado por sentarse en el medio de la banda paquidérmica de las hileras del medio, o sea, pa tu remedio. En cambio, como era su costumbre en los cines, él estaba sentado en la parte baja del noveno ining del lateral derecho; lo cual, le brindaba un angular de 45 grados en perfecto estado para divisar la verdadera película que estaría por comenzar:
Al lado de Larissa estaba sentado un ovni de procedencia altamente sospechosa. Nuestro Elem lo pudo identificar como el hombre hipotenusa a la nasal o el hombre a la nariz cuadrada del reptil. En un principio, el Bárbaro no contaría ni con un ápice así de menor importancia en esta historia, pero las apariencias engañan o los camaleones mudan el esmalte. El caso es que no tiene caso. Para Elem era una equis, o más bien un punto X que, digamos, un paciente equis, que apenas pintaría un grano ocasional en esta historia. Menos cuando él ya se disponía a levantarse del asiento e intentar sentarse justito detrás de Larissa y tomarse todo el tiempo de este mundo para respirarla como Dios manda sin ella darse cuenta de la quinta parte del tanque de oxigeno en que repentinamente se habría convertido. Tan sólo 1 minuto más tarde, Elem, con esmero y suavidad, le cubriría sus ojos tal si fuera la seda de Isis, al desajustarle el pañuelo meridional que le sujetaba su cabello o, como suele decirle una compañera de trabajo, su peinadito enrarecido. No obstante, tan sólo 1 minuto más tarde, ruido en el sistema, al presenciar Elem que el figurín le estampaba un beso, preñado de glándulas salivares, a una mano de Larissa. Elem ya no tuvo dudas, pero tuvo nauseas; vomitó todo el compuesto químico que pueda contener una señorita made in la bolsa negra, acompañada de un té de vainilla inyectado en vena por vía telefónica. 1seg después, Larissa se inclinó sobre la butaca que le quedaba delante, incrustó ambos codos contra el borde filoso de la butaca y entre sus manos apoyó su rostro entre los rostros, con el apoyo logístico de comprobar par de cosas: inciso –a) El final de esta peli es pa nunca acabal. –b) ¿Quién me mandó a venir con esta oficina nacional de administración tributaria? Por lo tanto, sin pelos en las pestañas, sintió el atrevimiento de una mirada. A través del rabillo del ojo, Larissa escudriñó a todo terreno a lo largo y ancho de las gradas hasta llegar a la zona baja del noveno ining del lateral derecho –sí, se puede decir que este filme tenía matices deportivos de vital importancia para las eliminatorias olímpicas–. Larissa no encontró sino a Hitxsel Hokkaido ya que Elem, al enfocar aquellos ojos que se mantenían a la velocidad de la vista, ALARMA, bajo ningún concepto podía darse el lujo de ser descubierto por ella. Detrás del perfil de Hitxsel Hokkaido, él no era mas que un jodido intermitente a lo ratón de campo tratando de avistar a su depredador. Sin embargo, Larissa, como la puntual recta de un pitche, no lo ponchaba sino que lo resignaba con el hechizo de su focal operativa de una curva sacada debajo de una manga; en otros términos, Elem había subestimado su guardia cederista en Home. Pero Elem, que no, que no es con él. Y menos aún al verla esbozar una sonrisa con paisaje audiovisual de comisura a comisura. Ahora sí, ¿y tú, de qué te ríes?, se preocupó. De pronto, como el que sí quiere las cosas, Larissa se volvió media joroba al susodicho que tenía por compañía, le dijo un no sé qué y, al unísono, uno y otro se levantaron de sus concernientes butacas quemando un tenis por la goma.. Elem no dejaba de pensar que si la cogía haciendo eso con sus filmes, su Ve y Mira, su Track de Lucy, otro gallo cantaría en esta historia. Permitiendo el tiempo prudencial de 0% seg., y sin darle un norte a Hitxsel Hokkaido, se esfumó del teatro de operaciones como lo haría Mulder detrás de su pista X (the truth is out there.) Al salir al espacio exterior, Mulder tuvo que frenar en seco entre la intercepción neutra de los baños. La supuesta pareja se encontraba situada en el octal del cine leyendo la sipnosis de las películas que correspondían a la semana entrante –películas que no llegarían a ver nunca por autosugestión del personaje o quién los mandó a leerse las sipnosis. Porque nos dio la revenderísima gana, responderían. Pues, ¡Fuck you!, exclamaría Mulder-. Al cabo de unos cinco minutos se marcharon, y Mulder sin moros ya en la costa y casi anestesiado por la pestilencia de los baños, salió sigilosamente a lo que sería callejón sin salida. La parejilla iría en busca de sus bicicletas montañesas–129dol con30ctvs –que modernos– dejadas en casa de alguien que alguien días mas tardes se iría de chisme, a alguien llamado Elem, de qué alíen se trataba. Mulder lamentó, entonces, el ponche de su bicicleta china en la parte alta del primer ining (que en ese instante transmitían, diferido, por el canal[equivocado]2, 15, 44 para las regiones internas del país). Quería timarle un timbrazo a Scully, pero recordó que por encontrarse en Cuba Comunñanga, su móvil nunca-jamás se conectaría al satélite. Bueno, ya demandaría al FBI y a Cupido Valdéz por miopía internacional. Y como tampoco se encontraba en New York City ni soñar un taxi a las menos cuartos.

días reiterativos después o haz el favol y rebobiname na ma un poquito la cinta pa’tras. Ya está, dejala ahí. Gracias. La Admón.: si antes usted no fue advertida, disculpe las molestias que esto pueda ocasionarle: este punto y coma narrático es musical, ya se verá el por qué (en un principio, era el telón o el melón? Chespier que Chaquespeare baila usted! O rapeando la salsa del rapero Rasputin): medianoche en el asfalto te chiflo en tu ventana no te me hagas la de la espera la larga ni la amarga sabes mi chama a esta hora tremenda talla abriendo guardarralla asómate a la Habana y déjate de pantalla con o sin ampalla que pa mayúscula minúscula Hey babe take a walk on the wild side... anda nena no me desmayes sácame de esta noche universal cruel y de esta calle principal que yo sepa no estamos en 26 Acapulco con mas vampiros en la habana callejón trasero del cementerio chino que tu conoces y la esquinita oscura del zoológico a que aparece la monada un silencio universal tremenda crisis natural Hey babe take walk on the wild side... ta’bien ganaste esta batalla eres la dura la difícil y no te me rebajes Ay Dios que me cambie la frecuencia que se me tiro en plancha con el canal equivocao to be or no to Chespier que chaquespeare baila usted rapeando la raspita del rapero Rasputin déjate de tu danza Yoruba y conéctate con la bomba de mi Velvet Undergraound: Hey babe take a walk on the wild side... me perdí el melón se calló el telón pol cabezón son son Sansón melena pero sabes nena hasta’quí las clases que estoy en base y no te me pases ni con la fresca que Jey Yo soy la empresa el largo el escapao así que coge pasillo y no te me desaliñes ni en el túnel de línea y un ultimo con con consejo si quieres te lo tomas con Tomas o se lo dejas al Cejas no te me marees y déjate de tanta farsa y de teatro que cuando te estrenabas mamy Jey Yo metía ya tremendo spring desde Guanavista a Nuevo Vedado lugares aledaños ojalá el señor te tenga en la gloria Hey babe take a walk on the wild side... media vuelta march quédate detrás de la ventana escuchando a Santana sin campana Hey babe... a mi qué si yo me voy con la (Su)-sana así que quítate la saya sin maraña y desconecta en la mañana sin legaña sin saña sin hazaña y desayúnate una lasaña que pa araña España camisa blanca de mi esperanza... Hey babe... return to mi todos mis slayders mi Blow up! ( ) mi Counting Crows(beleve in me because I want be someone to beleve) Mi Marianne Faitfhul (as tears god by) mi exagrama (Shu) mi Patsy Cline I Crazy mi verso Was für ein Gefüll, tiffer als das Meer, doch wie tief als das Meer mi solaristica desde el alba te espere ayer y las gotas corren por las ramas frías. OJO: regrésamelo todo, la luna de rubí y el sol de porcelana y si no es mucho pedir Qué es lo que quiero lo que quiero yo, pues ya lo ves, la Habana a todo color pa’que se sienta bonita pa que se vea mejol Cocacon Beneton saludo pa’la gente de Luyano... ¿Por qué?¿Por qué? ¡Tranquilo Boby, Tranquilo! ¡Porque en la Habana hay una pila locos!
Holy came from Miami F-L-A.
Hitchhiked her way across the U.S.A. New York city is the place to say:

Hey babe, take a walk on the wild side:
Otro día ahí, más sin verte, llevado(de la mano y corriendo) por las manos invisibles de los vía satelite lanzados recién por la NASA, return to cinematreca. A las menos cuartos de empezar la película (el que les habla, más Hitxsel Hokkaido y el Lorens-otro coleguita que no pinta na en esta historia a no sel pintor de brocha golda) ya teníamos nuestros respectivos ticket en una mano. También de mano en mano teníamos una canequita de ron mulata. Y como siempre, mi Poljock marcando las menos cuartos. Y como siempre, descolocaos-desubicaos-desorientaos y aunque esa palabra no exista en el repertorio de la Real Academia Española-Castellana (¡Castellano que bueno baila usted! –vaya, tenga un real): destructurados como este cuento, en el octal de la cinemateca entre madeja gregaria de androides o la farándula en su apogeo.
En una ocasión había recibido una potography de un amigo que más que aparecer, parecía un plano-medio-secundario en una colita muy ordenada de una cinemateca de Reykiavik (Lari, ¿no te gustaría darnos un brinquito hasta Islandia?), donde en el reverso de la misma me escribió la siguiente nota-acotación: ¡No sabe a Chaplin, pero sabe! Algo así me sentía aquella noche, mi paladar contenía una ambigüedad horrible de indisolubles sabores: Todos menos tú y yo marcando el tao tao-tres3-siete7-seis113 –Bueno, ¡Dios me libre de intentarlo!–. Hasta la mejor yuntita de Lari(Anastashia), chaplinando de aquí pa’llá a lo Chespier que Chaquespeare baila usted. Ni siquiera muequita ni na al cruzarnos de un tú a tú súper diseñado. Ignoró mi presencia dejándome con el beso del saludo en stand by; ¿pero qué volá con esta chica?, un día me saluda y el otro, amnesia lunática o tal vez quién sabe, ¿en su instinto superior de arte ni siquiera heredó de una supuesta puesta virgiliana, la ironía hipócrita de la ética en sociedad?. No, si cuando yo lo digo, la vocación (postiza, túmbala que es de caltón) tiene sus postulados generales e integrales. Disculpa, pero ya te dije que este punto y aparte era, es musical: Yo no tengo la culpa mamá de nada, de nada. “Mijo, mareas pero me encantas”. Bueno, Las ideas son balas hoy día y no puedo usar flores por ti.
Y de repente ni el sol, ¿el sol?. Bueno, ni la luna con los Hokkaidos, los Lorens y los Dagtagnares. La muchacha chejoviana más linda que ojos humanos han contemplado jamás, salió de la nada en compañía de una abuelita –chejoviana también– para preguntarme que peli pasaban esta noche. En honor a la verdad no tenía la menor idea, pero tanto ella como la abuela merecían la verdad y yo estaba ahí dispuesto a ofrecérselas así tuviera que ir a Puerto-Marte el martes por la tarde, ¡por tu madre! Me salvó la campana alguien que en ese instante me tocó un hombro y con el hola qué tal del no te acuerdas de mí, soy el de aquella noche no sé cual. Por favor, cómo podría recordar si en aquella noche-no sé cual estaba tan borracho como esta; pero no te creas, ahora que lo dices, mi hermano, ¿puedes tirarme el cabo y decirme cómo se llama el film que pasan hoy? “Solaris”, contestó –¿La rusa o la americana?, pregunté “No sé, ahí dice que es americana” (Ves, nota informativa de última hora: ¡Menos mal que te la pierdes!) Pero no, no lo podía creer, era una señal de que ya nada funcionaba entre los dos. Me volví hacia las chicas chejovianas, que estacionadas como ángeles de la guarda esperaban en tres y dos mi respuesta: Despedida. Es una peli rusa dirigida por la gran actriz Larissa Shepitcko y terminada por su marido Elem Klimov.”
KONIEC
nota del autor: Este cuento trae consigo una especie de attachment opcional o carta-solaristica con ciertas acotaciones que por problemas de espacio y estructura narrativa se encuentra de reverso en esta página.
Además, un CD dicha-vaho por su autor (con una cara A y B) que por derechos de autor, el autor prefirió hacer una sola copia y entregárselo personalmente [como la carta] a la musa de este cuento.
solaristicaPor favor, se recomienda (si lo desean) que cada lector haga su propia selección como más gustéis y logren su CD-Solarístico; pero antes les sugiero ver la película Solaris =made in URSS=, con el sello inconfundible de su realizador.


Notainformativa#00000000000000000000000000000000000, 0% o siempre se nos queda algo:
Mira, yo tengo un amigo; y cada vez que entra en su despacho, ve un libro sobre su mesa un poco torcido y lo endereza. Esa es una manera de mantener en marcha el mundo. Pequeños detalles como ese son los que hacen que el mundo siga adelante.
Qué extraña es la vida Erland.
Andréy Tarkovski
a Tamara.
aLarissa Chepitco y Elem Klimov
a Larissa Tarkovski y AndreyTarkovski.
a los amigos.
acotación de Larissa la locutora: Te recuerdo que tenemos un especial andando por ahí, preparándolo porque tu lo has pedido y porque las cosas lindas siempre suenan en el jardín de la noche de radio Taino. Y hoy invitamos especialmente a la argentina Mercedes sosa. Y para que tengas un adelanto aquí está de nuevo con esas cosas lindas que canta ella, como solo ella sabe hacerlo. Sí, cerquita de las cuatro estará cantando Mercedes Sosa por acá. Hemos tratado de hacer una selección de sus grandes éxitos. Di tú, eso suena raro porque creo que todo lo que canta Mercedes se convierte de inmediato en un éxito rotundo. De ti me entero a través de los correos, así que escríbeme, dime que estas ahí. Mira, hoy vamos a estar colocando a las tres de la mañana, un poquito mas un poquito menos, este margen vamos a dárselo a nuestro realizador; dice que no, que exactamente A LAS TRES. Bueno, en fin, vamos a perdonarle la puntualidad. Yo creo que la puntualidad entre cubanos se perdona, incluso. Lo que si no podíamos perdonarnos de alguna manera es que por lo pronto no estemos complaciendo con lo que nos has casi suplicado en el correo, además de un deber es un placer, de veras que sí: De la ausencia y de ti... Y apenas, un tantito después, para seguir a tono con la madrugada, esta madrugada otoñal, típica de octubre, donde sigues en sintonía, algo inevitable, Balada de Otoño, de ese señor de las pequeñas cosas y catalán 100%, Joan Manuel Serrat
unmöglich: Imposible ver pasar a tantos que han perdido su ruta-suerte, deberían darle la espalda al sin sentido y con equipaje bien ligero no parar hasta Nueva Caledonia –es muy probable que una tal Veronique los reciba en su casa, de eso no cabe la menor duda–. Imposible, además de fatigante, sería cometer el mismo error de acostumbrarse al error, sin más remedio que la aeronáutica. Imposible no reconocer un rostro entre madeja gregaria de androides. Lamentable e imposible tener que subir la parada, línea por línea, con este imposible. Mucho más imposible es, a partir de que dos más dos son cuatro, no intuir que pueden ser hasta la variable más adecuada al prójimo, después de todo la Internet es puro metabolismo, yo tú, le recomiendo terapia de grupo con hackers incluidos.
acotación de Larissa Chepitco: Recuerdo que me encontraba en un sanatorio cardiológico de Sochi. Fui a la playa. Estaba desierta; el día era borrascoso. Iba caminando por el rompeolas y pensando en lo mismo; de pronto, sin haber llegado hasta el extremo, comprendí lo que debía haber hecho. Me inundo una dicha tal, que yo estaba pronta a tirarme en el agua -¡yo que no sé nadar¡- y cruzar el océano. Pensé que tendría las fuerzas para siempre. El callejón sin salida no lo era ya. En aquel instante parecía idiota, gritaba, brincaba de alegría. Regresé al sanatorio afónica y tuve que guardar la cama durante varios días, porque me había resfriado. Pero recuperé la armonía, la imagen, la sensación de que mis células son capaces de fructificar. Hasta aquel instante me sentía muerta, agotada, falta de talento y completamente estéril.
unmöglich 2: Imposible dejar de regalarte té de frutas. Imposible las menos cuartos. Imposible la tercera parte según el punto de vista como se mire. Imposible enunciar aquí los consabidos imposibles, es obvio y hasta beneficioso para la salud. Se trata de un cuento, no de un telegrama imposible de codificar a la cuenta de Unmöglicharrobasola-ristic.cult.cu
acotación de Larissa, la de este cuento: Atardecer que baña. La Bocina del radio no te anuncia, es que no vienes. ¡Ay, que me muero! Cultivo una rosa blanca y me pregunto si vendrás... No vienes, no canto. Dilúyome, deslízome. Quedo rendida en el portal de una bodega. Alba, me calientas. ¿Tú lo sabes alba? De rabia pura déjame llorar. No sé si me escucharás. No sé qué hacer con tanta lluvia y tanto beso.
auto-mail: Segundo mail que te escribo x no existir el premier como la prima absoluta de la bailarina. Te escribo con dos puntos y seguidos sin To subject en hora bits. Perdona, pero se me olvido que te olvidaba. Como recordaras, dime algo que no sea verdad ni mentirita de menta, dímelo cantando si lo prefieres, si así lo sientes si así lubricaremos el espacio-tiempo del porvenir porque x venir ni el gato para rebobinar las gavetas, para descontaminar-las menos cuartos.
Demasiadas premoniciones para estos días de fiestas y festivales de teatros improvisados al dorador del televisor-sol (¿Solaris?). Creo que existen otros espacios como un pedazo de mar abierto a full las 24 y sentirse un poco menos a la raíz cuadrada del idiota del graduado cuando todavía en la prima parte de la pelí tenía la nariz cuadrada de graduarse to idiot, menos mal que se dio cuenta. Antes del otro día en aquella caseta donde cambian pesos x dolores de cabeza se me cahio el chemí a boca del fin de semana a la redonda, por eso no me digas más que te han estafado, eso no tener gracia. Me resisto a no convertirte en espuma y vértigo constante en mi memoria, de pan y agua con tus juegos de fantasmas, de que pierdas la sensatez de encontrarme y me sientas sin borrar vuelos oscuros de tu mente, a que me sientas un mar, océano absurdo e impenetrable.
No te lo había dicho, ahora tengo que ir a dónde el pequeño burgués de tu amichí el cosmonauta para adquirir un permanente en el síndrome adquirido por insuficiencia en el control vs calidoscopio de calidad sobre el preservativo. Si vas x unos de estos artefactos cerciórate antes con seso tu seguro sexo, cuando lo tengas duro por supuesto. X lo demás, acaso retorne la pasado y vuelva a comprar jabón Candado en la taberna que hacía esquina. Este lunes creo que voy al cine, me han invitado, ¿y a ti? Creo que alguien corre tanto como voy a correr yo para no faltar a la cita. Pero me tienes sonriendo, un consejo: no salgas hasta muy tarde ni te pierdas en azoteas ajenas. La mía tiene un banco, ¿no te quieres sentar un rato a charlar? También es muy probable ver el día de su estreno Una luz que agoniza. Además, este papel virtual lo voy a coger, estrujar y lanzártelo como un grito de temblores.
PD: este mail contiene un attach con tu aroma favorito.
Otra surprais: eres un amor, pero lo eres.

Carta Solaristica:
¿Cómo se escribe una carta solarística? Para mí las solarísticas son hechos reales que no llego a comprender porque a la vez son irreales. Por eso no sé expresarte lo que siento al verte yéndote de ahí. Es triste dejar detrás de mí momentos lindos e inolvidables que pasamos juntos. Es triste entrar a mi cuarto que se llena cada año con más recuerdos, espíritus, olores, pensamientos y sueños (hasta que explote un día de tanta riqueza...)
No puedo creer que estos días sean del pasado. ¿A quién voy a pedalear por la ciudad y por el campo así por gusto? Me siento como fugitivo que se ha ido tras los vientos y las olas.
Sabes, se me rompió la cadena de S cuando estaba bailando el baile de amor para los habitantes de S. Canté en cubañol y después se me rompió la cadena. A cada uno le di un pedazo de ella como querrías, ¿entiendes? La historia se repite, algo así como chasquear los dedos. Me alegra que seas tú y me alegra que sea yo y no esa persona de los ojos trasnochados –dudo que sea cierto, que pueda existir tanto encanto-.
Sí, esta carta me hace sentir mejor, nos llena un poco el vacío: esta carencia, este dolor por no estar juntos en caminatas por calles laterales, a través de las plumerías y flamboyanes de Kolly, a través de la vereda del malecón o la vieja Habana, de todos aquellos barrios que aún conservan la moderada elegancia de la Republica. A pesar de los fantasmas del Hollín no puedo dejar de enamorarme de esa ciudad que enamora. La Habana, que tiene su bosque junto al río, está llena de múltiples ojos –reales y astrales- y de colores que danzan después del aguacero, son cosas que sólo la memoria, el recuerdo capta y protege en su casa de neuronas. La Habana, la envidio toda por no poder verte, cuánto siento cada minuto que llegué tarde a verte. Hay un momento en el ocaso habanero, algo así como una penumbra extraña y leve, que media fugaz entre la sangre dorada del sol vertida en cintas sobre la costa (desde Kasalta al extremo oeste de Miramar o desde el morro a kasalta y de ahí al infinito) en la confluencia de los puentes y los ríos. Olvidar nunca. Lo dicen los rabinos que recitan la Torá y escrutan el talmud, la respiración de los Orichas, lo dicen desde la romana silla de San Pedro: perdonar siempre, amar siempre, olvidar nunca. Pues si no somos capaces de recordar, no tendremos estímulos, es decir: imaginación, memoria, recuerdo para repetir lo bello en nuestras vidas: La lucidez, la opinión clara y justa, la discusión fuerte y conciliadora, el gesto, la risa, el poema, la flor y el vaso de agua... La ternura como fuerza, como rayo violeta, como la navidad ecuménica de Krishna, Adonis y Cristo.
Hoy mis palabras no serán otras que las tuyas, están ahí desde siempre. Cierro los ojos e intento ubicar tus pasos, es como si fuera una peli fantástica donde se hace contacto desde un nivel sensorial. No quiero contarte nada de aquí que no sea extraordinario como árbol de la esperanza mantente firme; tampoco puedo pedirte una entrada para el cine ni contarte que fui al teatro a ver una de los clásicos (El huerto de los cerezos) ni portarme bien para que me subas a la azotea y me enseñes como se ven de noche los ruidos y las luces. Yo vivo aquí, en una reducida hectárea de un planeta aún no descubierto. Yo lo único que puedo hacer por ti en este universo es resucitar, resucitar, resucitar.


Ernesto René Rodríguez
Acerca del Autor:
Escritor. Realizador de audiovisuales.
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Comentarios (1)Add Comment
3poeta en el amor
escrito por moises aneurys aybar frias, 03/12/07
las casualidad de la vida, la tenemos por nuestro dios, las escritura que hacabamos de leer,esta muy interesante pero quiero saber porque incluyen a las personas k lo leemos, pero de todos modos esta entre la lectura lexica, me gustaria participar como un escrito, pero lastima k no puedo, aunk lo ahnelo, espero k lean esto y se acuerden k en el mundo hay unos igual k ustedes, y k el don k dios le has dado lo estas desperdiciando,
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