| 
     
Inicio arrow Rockstalgias
PAS DE DEUX Imprimir E-Mail
escrito por Osdany Morales   

…ana duarte

Se habían encontrado dos horas antes de dos horas antes de besarse. Él estuvo sentado casi toda la tarde sentado casi toda la tarde en el banco donde se te ocurrió descansar en el banco donde se te ocurrió descansar y fumar un cigarro apurado. Al principio no lo miraste aunque siempre al principio aunque siempre al principio supiste que había un hombre joven al lado rascándose la cabeza con nerviosismo y tú rascándose la cabeza con nerviosismo y tú te fijaste por primera vez cuando te miró y preguntó si te miró y preguntó si eras bailarina. De ballet clásico le dijiste, y te miró como si no te creyera le dijiste y te miró como si no te creyera y dijo que hacía dos horas que te esperaba y te esperaba y te asustaste porque un desconocido te espera dos horas en un banco con la ropa raída y todo el pelo desordenado. Y saber que es una broma te tranquiliza todo el pelo desordenado. Y saber que es una broma te tranquiliza y le sonríes porque fumar acompañada es mejor pero le sonríes porque fumar acompañada es mejor pero él no fuma y te quedas ofreciendo la caja abierta de cigarrillos mientras te dice que sus vicios son otros y tú pones cara de interesarte en su cabeza despeinada y le preguntas si es un vicio es un vicio no peinarse y te dice que no, que es una estrategia es una estrategia. La tarde se escurre porque era hora de la tarde y es como si la gente caminara más rápido y no caminara más rápido y no se entretuviera en los bancos y todo fuera un tejido apresurado de regresos. Y porque sientes que nadie puede verte porque sientes que nadie puede verte le vas a poner tu mano en le pelo y te sorprende que su mano se interponga y te sorprende que su mano se interponga y te impida desenredar cualquier mechón de pelo hirsuto, de rizos tercos y más hirsuto, de rizos tercos y más amarillos que la tarde porque era la tarde. Que tenga tu mano sostenida a una breve tu mano sostenida a una breve distancia de su cara te hace pensar que vas a su cara te hace pensar que vas a tocar sin querer una mejilla, un labio que vas a tocar sin querer una mejilla, un labio que disimula la sonrisa y se escurre cuando él te dice que tocar es una libertad que puede lacerar o tocar es una libertad que puede lacerar o ensordecerte. Y a ti te gusta de pronto este desconocido mientras piensas que la desconocido mientras piensas que la desconocida eres tú, que él estaba sentado en el banco casi toda la tarde en el banco casi toda la tarde dos horas antes de que se besaran.

Porque te molestó que no quisiera soltar tu mano y de pronto no quisiera soltar tu mano y de pronto fuera de noche y no más amarillo sino casi de noche y si gritabas nadie te escucharía sino casi casi de noche y si gritabas nadie te escucharía. Ya te parecía mentira que hubieran estado hablando tanto de mentira que hubieran estado halando tanto de una playa fangosa de la costa sur donde los mangles se tragaban las arenas y donde los mangles se tragaban las arenas y las infancias y una infancia con arduos ejercicios de ballet para ser bailarina de ballet. Que los asesinos debieron haber sido criados en una playa de la costa sur. Y la dulzura, te dice como si la dulzura, te dice como si adivinara tus pensamientos, es un gesto mordaz de amor propio que aunque parezca que va a otra persona, que la dulzura es a fin de cuentas una masturbación a fin de cuentas una masturbación.

imagenTe gustaría sonrojarte y pedir que te suelte pero te dice que no es casual que tu mano se detenga en su pecho, tu mano se detenga en su pecho, el pecho es la frontera de la virilidad quisieras decirle para que la frontera de la virilidad quisieras decirle para que vea que tu también puedes pronunciar frases casi poéticas. Entonces es como si su pecho aguantara tu mano como si tuvieras los dos brazos atados. Le pides que te suelte una vez más que te suelte una vez más que hoy ya te has lastimado esa misma mano en los ensayos. Pero en el fondo quieres que en el fondo quieres que se acerque más y que el banco parezca que sale de sus muslos y se pierda la distancia de mármol que separa su bulto y tu cadera de bailarina bulto y tu cadera de bailarina con mano adolorida. Te responde que de niño quiso ser bailarín pero que había nacido bailarín pero que había nacido en una playa de la costa sur pie plano donde los mangles se atragantan los costa sur donde los mangles se atragantan los deseos, y te parece una fatal coincidencia que ahora tu cadera despierte sus impulsos de cadera despierte sus impulsos de pelo ralo y pantalones sucios, mientras recuerdas que de niña quisiste ser asesina de pelo ralo y pantalones sucios, mientras recuerdas. Toda su mano te rodea, una te cristaliza el brazo, la otra congela tu cintura, esquiva tu saya, los tirantes y se encauza por tus curvas como por una calle oscura. Tú aceptas sin moverte como si de veras aceptas sin moverte como si de veras todo estuviera premeditado y te esperara en el banco y te hubieras lastimado el brazo para corresponder a su brutalidad.

Y entonces se te ocurre besarlo pero la mano que casi te sostiene en peso por dentro de tu ropa y la otra que te hiela el brazo lastimado no te dejan brazo lastimado no te dejan posibilidad de moverte, solo puedes rozar sus labios con la punta de los dedos de tu mano libre. Con miedo, como si detrás de esos labios te esperara una mala noticia, la aldaba de un portón, temes que al bajar un poco su labio más grueso descubras su labio más grueso descubras que no hay nada, dientes, ni lengua, ni saliva, ni aliento, que es solo un muñeco inflado y que al abrir sus labios se desinfle y quede en el banco hecho un bulto con un trozo que se te mete dentro de la ropa. Y titubeas ante su sonrisa que no es por ti es por ti porque te registra y acalambra y ahora piensas que tras su boca solo puede haber piedras amontonadas una por una con lentitud de siglo y que te gustaría que de esas piedras resonaran palabras obscenas cochinadas, puta piedra, culo piedra, templar piedra, la pinga piedra, bailarina de puta piedra.
Comienza a hablarte una vez más y ahora es como si te adormeciera o te desnudara o te adormeciera con palabras sobre un día sin mucho que hacer entre un banco y otro. Se acerca y te murmura entre los senos –te dice entre las tetas- que el banco es enemigo de la mujer, que nunca se verán en armonía un señor banco y una mujer sentada. Te repite que una mujer sentada es una mujer inconforme. La mujer, te hace repetir, es enemiga de la mujer, te hace repetir, es enemiga de la espera y de los bancos de la espera. Que al final el hombre es el intermediario entre la mujer y el banco, entre tú y el mármol envejecido como un queso rancio. Como no crees mucho todo lo que te dice le interrumpes por fin los labios con tu mano libre y descubres que no es vacuo ni pétreo, ni de carne y hueso, está hecho de dientes y de pulpa como una fruta descabellada o las arenas perpetuadas en una violación atroz de los mangles de la costa sur, una playa. Donde los asesinos aprendieron primero a gatear y luego a caminar para por fin a gatear y luego a caminar para por fin a matar, una playa.

Por eso te sorprenderá cuando te quiera confesar esquivando la punta de tus dedos, soy bailarín. Te creerás descubierta, una playa, cuando te diga con desenfado que hoy se ha lastimado un brazo en los ensayos y saque con cinismo la mano de tus nalgas, mojando la terminación de tu espalda y se lleve la mano que brilla bajo la oscuridad hasta su pelo ralo y saque mas brilloso que tus jugos la hoja de afeitar que ante tus ojos de bailarina frustrada más brilloso que tus jugos la hoja de afeitar que ante tus ojos de bailarina frustrada lo acerca al brazo dañado en los ensayos sostenido por su brazo de hierro dañado en los ensayos. Y deslice la hoja playa de la muñeca al codo como si abriera un queso blanco, como si abriera un queso blanco. Y entonces le brindas un cigarro y te dice que sus vicios son otros. Como si abriera un queso blanco. Por sobre todo todo te empinas en un movimiento no ensayado y por fin te pegas a sus labios que hacen el reflejo cuando la cuchilla resbala con saña por tu brazo y no sabes si el dolor es en la boca o es en la boca o en su pelo o en el banco o en el brazo abierto donde puede verse que no es vacuo ni pétreo ni de carne y hueso sino.

No hay nadie más ahora en el banco, estás ligeramente recostada ligeramente recostada con un brazo extendido que sostiene un cigarro a punto de mojarse con un brazo extendido que sostiene un cigarro a punto de mojarse y caer en una gota de ceniza y sangre como una playa que esconde en sus mangles como pelos encrespados, filosas hojas de afeitar para que las bailarinas con pie plano digan por fin adiós a la espera y a la vida y a la espera.
Él abandona el banco, la espera es enemiga de la mujer sentada, el hombre es el intermediario entre la mujer y la espera. Se revisa la muñeca que se lastimó hoy en los ensayos, luego desordena su pelo desordena su pelo desordenado, tan duro como alambre u hojas de afeitar o alambres mangles playa de la costa sur. No hay nadie más en el banco. La ternura es a fin de cuentas una masturbación, a fin de cuentas.


Osdany Morales
Acerca del Autor:
Escritor. Estudiante de Aquitectura. Primera Menciòn en el premio de cuento Ernest Heminway 2004.
Leer Más >>
Comentarios (3)Add Comment
...
escrito por Anisleynnn, 09/19/06
Muy interesante.
report abuse
vote down
vote up
Votes: +0
...
escrito por Anisleynnn, 09/19/06
...y todo fuera un tejido apresurado de regresos...qué buena imagen!!!!!
report abuse
vote down
vote up
Votes: +0
...
escrito por Anisleynnn, 09/19/06
...tocar es una libertad que puede lacerar... ¿lo es? ¿me explicas?
report abuse
vote down
vote up
Votes: +0

Escribir comentario
quote
bold
italicize
underline
strike
url
image
quote
quote
smile
wink
laugh
grin
angry
sad
shocked
cool
tongue
kiss
cry
smaller | bigger

security code
Escribe los caracteres de la imagen


busy
 
Hay 2 invitados en línea
feed image
@2008 Cuba Underground. Todos los derechos reservados.