Las palabras y los muertos, la más reciente novela de Amir Valle, se alza con el Premio de Novela Vargas Llosa
 Amir Valle Las palabras y los muertos es una rara novela histórica. Así se refiere a la obra de Amir Valle uno de los pocos intelectuales cubanos que la leyó antes de que obtuviera el Premio de Novela Vargas Llosa en España.
Por su cuestionamiento de la historia más reciente del país, la novela sólo fue conocida en Cuba por los escritores Guillermo Vidal, Nelton Pérez y Armando León Viera: la divulgación en un círculo más amplio hubiese causado desagradables contratiempos a su autor. El exitoso escritor cubano se encuentra actualmente en Alemania, desde donde reclama el derecho a regresar a su país cuando lo estime pertinente, en contraposición a la práctica de las autoridades gubernamentales que deciden quién y cuándo puede o no regresar a la Isla.
Las palabras y los muertos se alzó con el galardón en la XI edición del premio literario –entre 394 novelas procedentes de 30 países-, otorgado en Murcia por un jurado presidido por el Dr. Victorino Polo, quien en 1997 integrara el jurado que otorgó el Premio Cervantes a otro escritor cubano, Guillermo Cabrera Infante.
El resumen de la obra, escrito por un profesor que ha pedido su anonimato por temor a represalias del gobierno cubano –y con cuya frase inicial abrimos esta nota-, nos ofrece una visión general de la misma:
Las palabras y los muertos es una rara novela histórica. Rara, porque no es (de acuerdo a los términos de legitimación histórica) una novela histórica, y sin embargo, no se ha escrito en la literatura cubana de los últimos 50 años una novela tan fiel a la historia del país. A partir de la muerte del presidente, Fidel Castro, el hombre que más cerca ha estado de él (su guardaespaldas preferido) rememora lo sucedido en más de cuarenta años, desde que, siendo un niño, se unió a los rebeldes en las montañas cubanas y se ganó la confianza del líder hasta convertirse en su sombra.
Bajo esa mirada (cómplice, cegada por la admiración, cargada de fidelidad) la novela va repasando, con una inocencia sádica (nacida de la mirada inocente de este guardaespaldas), los más notables momentos de la Revolución, pero lo hace recreando no la historia oficial, sino la historia que el pueblo (en la intimidad de sus vidas) se ha formado atando los pocos cabos que la historia oficial ha dejado sueltos y que le permiten construir otra visión de esa historia, de esos trascendentales sucesos; visión curiosamente más cercana a la posible verdad que la visión ofrecida por la historia oficial.
Es una novela donde se mueven, como seres humanos reales, esos nombres que han estado en las grandes noticias de los periódicos del mundo, siempre que el asunto “Cuba” ha estado de moda: Fidel, Ché, y muchos otros cobran una vida pública en esta novela de Amir Valle, que rescata, con una magistralidad narrativa subyugante, una de las zonas temáticas que mejores novelas ha ofrecido en la historia de la novela latinoamericana: la novela del dictador.
Una vez más Amir Valle es noticia al mostranos su visión de las miserias humanas y su inconformidad con la desigualdad social, a la vez que su profundo humanismo, en un particular estilo periodístico y literario.
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