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CONCIERTO Imprimir E-Mail
escrito por Raúl Aguiar   

"…Pink Floyd es conocido como un grupo enigmático que desaparece muy fácilmente, incluso hubo momentos en que las grabaciones se realizaban por separado, prácticamente sin encontrarse los músicos y Roger Waters llegó a concebir antes de hacer este disco, The Wall, la posibilidad de establecer un muro que separara a los músicos del público y que incluso tratara de separar a los músicos entre sí, buscando hacer físicamente posible lo que de forma conceptual considera la gran incomunicación que existe no sólo entre el público y los músicos, si no entre la gente en general. Con esto vamos a dejar este trabajo que hemos estado realizando para ustedes sobre el grupo Pink Floyd y los invitamos a que estén próximamente la próxima semana en este su programa de la Historia del Rock.. Hasta entonces compañeros"

Pablo se sintió decepcionado. Parecía que al locutor le habían hecho una seña sobre el poco tiempo que le quedaba y por ello pasó de largo sin siquiera mencionar los nombres de los discos intermedios Animals y el de Wish you were here, que para el joven nada tenían que envidiarle a The Wall o The dark side of the Moon. También había pasado por alto la película hecha con el disco El Muro, una tesis musical en contra de la incomunicación y el neofascismo.

Pablo maldijo en voz baja a su padre por haberle borrado el casette con las canciones de uno de los discos, precisamente Atom Heart Mothert, uno de los que casi nadie tenía. Tampoco podía explicarle a sus amigos el por qué de esa fijación en un grupo tan antiguo. Ahora tendría que llorarle de nuevo al Jonny para que le pidiera el resalado CD a su hermano, con lo tacaño que era.

 

- Coñó, muñequitos y todo, asere, ¡qué volao!

Pablo se había puesto a leer una de las historietas cómicas que el Jonny hacía de vez en cuando, mientras esperaba que este terminara de vestirse para ir al concierto. Desde el cuarto le llegó la respuesta del amigo:

- El otro día le presté una a Betty y no entendió nada.

- Esa nada más que entiende la pornografía.

Pablo siguió leyendo durante un rato hasta que se aburrió y lanzó la libreta hacia el sofá. Prendió un cigarro y habló:

- Jonny, ve a ver "Asesinos íntimos", para que veas nada más a la jeva esa que trabaja ahí.

- Compadre, yo no me gasto un peso en eso.

- Yo te recomiendo que vayas. Coño, de verdad, asere, está buenísima, ¡tremenda película, pa’ que tú sepas!

Silencio desde el cuarto. Pablo aspira dos bocanadas de humo y de pronto siente que tocan a la puerta. Va a abrir. Es el Duque.

- Coño asere, pensábamos que ya no venías.

- ¿Y el Jonny?

- Vistiéndose

El Duque aparta las libretas y se sienta en el sofá. Luego se vuelve hacia el cuarto y grita:

- ¡Dale Jonny, no te pintes más las uñas y acaba!

- ¡Vete al carajo!

El Duque y Pablo se ríen. Al poco rato sale Jonny, le mete un puñetazo al Duque en forma de saludo y salen de la casa. Mientras caminan hacia la parada, Pablo aprovecha para pedirle los fósforos al Jonny.

- Compadre, no fumes tanto que no vas a crecer - dice el Duque. Pablo sonríe y enciende el cigarro.

- Yo fumo para no coger otros vicios.

- Ja, ja - la risa del Duque es un poco artificial. Pablo vuelve a la carga:

- Cada uno debe tener un vicio. Este es el mejor de todos.

- ¿Por qué?

- Porque te jodes a ti mismo pero no jodes a los demás.

Por fin llegan a la parada. Saludan a dos conocidos que también van al mismo lugar y luego se apartan. El Duque murmura:

- Eso es lo que no me gusta. Esa gente son los que van a joder en todos los toques que se dan de rock. Esos tipos con caras de aberrados y las cejas sacadas y todo eso; esos tipos son todos maricones.

Por fin llegó la guagua y ellos montaron. Se mantuvieron callados durante casi todo el viaje, soportando las incomodidades de la superpoblación habanera y Pablo se entretuvo en observar a una trigueñita que cambió miradas con él. Pensó por un momento - casi cuando faltaban sólo dos paradas - en invitarla a que fuera con ellos pero al ver su vestimenta - un pulóver surfing de esos, con el ratón Disney por detrás y por delante, y el peinado agarrado por un pellizco - no se decidió. Seguramente era una niñita de su casa, de la onda esa de Enrique Iglesias, los BSB y otras mariconadas, y no la dejaban salir sola. Por fin llegaron a su parada y desmontaron. Pablo echó una última mirada a la muchacha y se lanzó en pos del Jonny. Una gran cantidad de jóvenes faunísticos - pulseras llenas de pinchos, cabello por los hombros, ropas negras - se bajaron en esa misma parada. Pablo sintió como la tensión aumentaba a medida que se acercaban al anfiteatro. Duque sacó una latica aplastada del bolsillo de su chaqueta y se acercó a Pablo.

- Mira, en esta caja guardo yo los eufóricos.

- ¿Qué cosa es la euforia? - de vez en cuando el Duque salía con una palabrita de estas, recién estrenadas del ambiente y Pablo no entendía, se sentía un poco inseguro pero preguntaba de todas formas para apuntarlas en el diccionario personal.

- La coca o la yerba, viejo - Duque sonrió despectivo al ver como Pablo se encogía de hombros y quiso jaranear un poco - dale, llévatela para que la vean los socios tuyos esos del Técnico.

- Vete al carajo - Pablo llevó la cajita al rostro y la olió pero no pudo notar nada anormal.

- No, no - Duque la cogió de nuevo y la guardó - No huele a nada. Yo la llevaba aquí dentro del bolsillo y el negro haciéndose el muerto, diciéndonos "No, piedra fina…"

Trataron de sentarse en una de las primeras filas pero todo estaba ocupado, así que tuvieron que conformarse con el lugar que encontraron, de todas formas desde allí se veía bien el escenario. El Duque siguió relatando:

- …Un negro descarado, asere, grande. Estaba zumbado como un perro. Fíjate si estaba zumbado que le dio el material al Linx y se iba sin coger la astilla. Y el Linx se paró y nos dijo "Eh, vamos echando" y nos mandamos a correr por el terraplén, pero el negro nos cayó atrás y dijo: "Pásenme los baros, se me olvidaron; no me hagan eso". El negro estaba arrebatado de verdad.

Sonó un rasgueo de guitarra y dos acordes de bajo. Ellos prestaron atención inmediata. El grupo por fin había llegado y estaban afinando los instrumentos. El Jonny se volvió de nuevo hacia el Duque:

- Sigue, sigue contando pero habla bajito. Aquí uno no sabe nada.

El Duque tomó aire, saludó con un gesto a una muchacha que lo había llamado y prosiguió:

- El barrio Santa Irene ese es un oeste, viejo. Es un terraplén así, y una pila de gente durmiendo en los portales. El caso fue que pasamos entre todos los tanques aquellos con la cosa en la mano. Yo guardé la nieve en mi cajita y el Linx cogió la yerba y la llevaba en la mano apretada, y una pila de policías de tránsito y motos y tanquistas y del carajo.

-¿Y la coca como te la dan?

- En un naylito que parece de preservativo, o si no en un papelito brillante de esos como si fuera chocolate.

- ¿Y lo otro? ¿hechos cigarros ya?

- No, no, el buche como te lo dan. El buche te lo dan envuelto en un papelito de esos de hacer cigarros.

- Traza. Coñó, tremendo nivel. Aquí te lo dan en un cartucho y vete echando.

- Sí, y después con eso es que tu haces el "prajón"

Pablo ya se sentía mal con toda esa conversación y quiso cortarla de una vez.

- ¿Y qué se siente con la nieve?

- Bueno, haz la prueba, socio - Duque volvió a sonreír despectivo.

- No, yo no voy a hacer la prueba. No soy tan comemierda como tú.

-¿Y por qué comemierda?

- Eso es una estafa asere. Doscientos pesos por cuatro rayitas mierderas que para lo único que sirven es para ponerte un poco alegre. Yo para ponerme en órbita nada más me hace falta alcohol y música y no tengo que pagar tanto. Lo mío es estar en la onda y no desconectarme, viejo. La coca te desconecta, por eso es que no sirve.

- Coño. Como habla mierda el Pablo este, compadre - ya el Duque estaba enojado - Que eso me lo diga un cretináceo con carnet y eso está bien, o un policía, pero que me lo diga éste…

El Jonny decidió de pronto ponerse de parte del Duque.

- No sé por qué éste dice eso, si él toma pastillas, él no puede hablar - Pablo sintió como si le hubieran abofeteado el rostro y optó por callarse. El Duque aprovechó para remachar su victoria y acabar la conversación de una vez.

- Tú tomas pastillas y por eso decías lo del vicio. ¡Eso es más mierda todavía, asere! Nada, y seguro que tomas parkisonil y mierdas de esas.

- Clorodiazepóxido on the rocks - El Jonny se divertía.

- ¿Tú sabes a la niña que tienes que echarte para que no critiques más? Una friqui que anda por ahí que le dicen La Loba. ¡Esa jeva es la mejor brother, es una niñita pero ¡qué clase de cultura farmacéutica tiene!

- Ja, ja - El Jonny seguía riéndose.

- …Se sabe todas las pastillas: los pacos, la efedrina compuesta, el nulip, las dronas, todas las variantes. Se sabe la que te sirve para mojar, la que te sirve para dormir, para arrebatarte pa’llá, pa’ casa de la pinga, para deprimirte, para todo, ¡es una salvaje!

Pablo no pudo dominarse más y se levantó con los puños cerrados. Silabeó entre dientes:

- Váyanse al carajo los dos, ¿me oyeron? - y acto seguido se fue de allí con paso hosco y se sentó en una de las filas de atrás, junto a unos desconocidos. En eso el grupo de rock comenzó a tocar y todos empezaron a silbar y aplaudir frenéticamente. Pablo se concentró en la música y trató de no pensar más en la conversación aquella. Al poco rato se olvidó de todo y comenzó a cantar y aplaudir él también.

Ah, no te preocupes

Nunca pasa nada

Todos son buenos y son felices

¿Por qué será que me siento triste?

Triste

Loco

Yo

 

El grupo era bueno, bastante bueno, y eso que Pablo era muy crítico para esa clase de música. Tenían hasta composiciones propias y con buena letra y Pablo se preguntó entonces por qué no ponían a este grupo por la televisión en vez de la cantidad de tipos supermediocres con sus letras ridículas del majá y el potaje de frijoles qué rico y la cebollita y los plátanos, o panfletarias que eran peores todavía.

Reconoció al gordo que ya se había hecho famoso en los toques porque era uno de los mejores bailando kansas con las friquis más ricas del anfiteatro. Ahora tenía entre sus brazos a una de las garrapatosas - les decían así por su afición a llevar un pomo lleno de pegamento y olerlo durante el concierto para marearse un poco - y al lado de estos dos a un mariconcito sin camisa trazando filigranas con los brazos y piernas, esbozando mensajes - el vuelo del águila, la esfera, la serpiente - y otros menos conceptuales pero a todas luces referidos al amor y al sexo, que Pablo no tuvo más remedio que admirar y envidiar en parte - él no bailaba muy bien ni muy seguido; y luego de vuelta a sus pensamientos.

El grupo tocó tres canciones más. Algunos bailadores comenzaron con su paroxismo a engancharse alfileres en los párpados y mejillas. Por suerte hoy los organizadores no habían tenido la brillante idea de poner juntos a un grupo de salsa con uno de rock como otras veces. Parece que por fin iban entendiendo que aquello sería problema y bronca segura.

Después de otra canción, los músicos pararon y le dejaron el micrófono a la que parecía ser una de las organizadoras principales. Se armó una rechifla y abucheo multitudinarios y por eso Pablo no pudo oír lo que ésta decía. Por fin hicieron un poco de silencio - el mínimo - y Pablo se concentró en las palabras: "a partir de hoy las entradas serán cobradas a cinco pesos". De nuevo la gritería del público y ella que pese a todo continúa: "¿Ustedes oyeron por qué se cobra a cinco pesos?" Gritos de "¡No!, ¡no!" Pablo no sabía si ese "No" se debía a que no habían entendido o porque estaban horrorizados con la proposición. "Vamos a repetir para que entiendan: Para poder brindarles a ustedes una mayor calidad, para poder alquilar transporte porque, si ustedes supieran todo lo que hemos pasado para poder dar la actividad, para poder poner mejor audio, mejores luces…por eso es que la entrada se cobrará a ese precio. El viernes 27, los Provos nuevamente aquí, en el anfiteatro…"

Pablo pensó que la idea era justa. "Y ahora continuamos con…" y el rasgueo atronador de una prima llena el anfiteatro y Pablo se desliza nuevamente en la música.

Flor de la calle

por favor no la pises…

- Oye…

Pablo se sorprende. Frente a él se encuentra una muchachita arrodillada que lo mira fijamente. Tendrá a lo sumo trece o catorce años y está vestida de negro con un collar de huesos de pollo o algo por el estilo. El pulóver tiene dibujado el logotipo de Black Sabatt.

- ¿Sabes bailar?

Pablo sale poco a poco de la sorpresa. La chiquita es muy bonita - quizás terriblemente bonita - como una muñeca rubia medieval, y no parece drogada o algo parecido, pero cierto nerviosismo incontrolable bien podría indicar una carga de adrenalina impuesta al estilo pinchazo - sobreenergía - y Pablo comprende que nunca la ha visto por allí o al menos nunca se ha fijado en ella. Demasiado peligroso. El SIDA está que arde.

- No sé bailar - contesta Pablo. Por un momento se recrimina su cobardía. Luego trata de remediarlo.

- ¿Cómo te llamas?

- Arianne - ella sonríe - y tú te llamas Pablo.

- Eh, ¿y cómo lo sabes?

- Pregunté por ahí.

- ¿Y por qué ese interés?

- Pensé que eras más inteligente. No me decepciones.

Especial. La niñita era especial, de eso no cabe duda. Estaba a punto de decirle que sí, que iba a bailar con ella pero en eso la música se interrumpió de pronto.

- Esto se está maleando. - oyó que decía alguien al lado suyo y siguió la mirada de Arianne. Sin duda, eran la gente del échate pallá, del botellazo. Esa gente.

- Seguro son provocadores - siguió diciendo el otro. Pablo buscó a los dos policías que había visto al principio del concierto, pero estaban conversando cerca de la plataforma y parecían no haberse dado cuenta de nada. Los tipos estaban buscando a alguien en específico y por ahora se contentaban con ir mirando fila por fila los rostros de toda la gente. Al poco rato dejó de prestarles atención - no valía la pena, parece que hoy estaban calmados, menos mal - y siguió conversando con la muchacha.

El rostro de Arianne era toda una invitación. Dos canciones y ya él le había pasado el brazo por encima de los hombros y la había besado en los labios. La muchacha era de Alamar. Vivía en uno de los edificios cercanos al anfiteatro y estudiaba en la secundaria que estaba al lado de la facultad de geografía.

- Sí, chico, el edificio ese como de becas, rojo y blanco - y Pablo que se encoge de hombros y la besa en la mejilla.

Dos canciones y no pasó nada.

 

 

A mitad de la tercera canción sintió un codazo del tipo de al lado: "Mira, te lo dije", y observó el tumulto que siempre se forma en caso de pelea. De pronto, aparte de los dos policías, habían aparecido tres más y corrían abriéndose paso al centro de la multitud. Pablo se levantó, curioso, y se acercó un poco, después de decirle a Arianne que lo esperara en ese mismo lugar. Entonces vio que la gente llena de pánico abría el paso porque los muy cabrones estaban echando spray y dando golpes a diestra y siniestra y salían corriendo sin que nadie los detuviera, y en el brillo de cierto objeto que llevaban comprendió que habían sacado sus pistolas. Los provocadores corrían detrás y todos los siguieron hacia la salida del anfiteatro. Allá fuera estaban los carros jaulas esperando y ya tenían acordonada toda la zona. Trató de buscar a la muchacha con la vista pero ésta había desaparecido. Por supuesto, el concierto terminó allí mismo en una riña tumultuaria. Golpes, gritos, piedras lanzadas contra los boinas negras, luego los perros, todavía con el bozal, por suerte, y varios disparos al aire. "Ahora sí se jodió esto", pensó Pablo. Caos total. Un punk se había adueñado de un aparato de spray y le rociaba con saña el rostro a un policía sin importarle los golpes de tonfa mientras que otros seis intentaban volcar uno de los autos. Pablo pudo ver como introducían a una muchacha en el camión y ella pugnaba todavía en amenazar a alguien - "Te lo dije cabrón, que no me tocaras" - y la respuesta áspera del policía: - ¡Te me callas la boca, puta! - En el otro carro, ya casi repleto, montaban a uno de los Provos que parecía herido, con la camisa llena de sangre y que trataba de explicar algo pero sin éxito. Pablo sintió que la rabia le subía y lamentó no tener a mano una botella con gasolina para hacer una molotov. Esquivó a dos boinas negras que venían por él y pudo golpear a uno de los provocadores con una pedrada. Llegaron refuerzos. El se alejó prudentemente ¿cobardemente? De todas formas desde el principio se sabía que era una batalla perdida. Poco a poco las cosas se fueron calmando, por lo visto la monada se había dado cuenta de que no podrían montarlos a todos y decidieron largarse con la cosecha. Sólo dejaron a cuatro policías para que pararan cuanta guagua o camello pasara por la calle y así rellenarlos con los friquies sobrevivientes para que se largaran de allí de una buena vez.

Ya cuando los camiones jaula se ponían movimiento, pudo ver el rostro del Duque sentado detrás en el último carro y luego de la sorpresa inicial se prometió que llamaría a algún pariente de este en cuanto llegara a la casa. Luego lo pensó mejor. ¿Qué pariente? Todos eran de otras provincias. Duque no tenía más remedio que joderse. Y por supuesto, él no iba a ir a la estación. No quería cuentos con la policía.

Prendió un cigarro y buscó al Jonny entre la gente pero no pudo encontrarlo. Quizás ya se habría ido antes de que pasara todo. Esperó a fumarse el cigarro hasta que se quemó los dedos pero no aparecieron ni su amigo ni la muchacha. "Al carajo", se dijo y comenzó a caminar hacia la parada.


Raúl Aguiar
Acerca del Autor:

Ciudad de La Habana, 1962. Profesor y escritor. Licenciado en Geografía por la Universidad de la Habana. Actualmente trabaja como profesor de técnicas narrativas para jóvenes escritores en el Centro de formación literaria "Onelio Jorge Cardoso". Es miembro de la Unión de escritores y artistas de Cuba (UNEAC). Reside en la Ciudad Habana.

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