EDUARDO DEL LLANO: HUMORISTA Y ROCKSTALGICO
Eduardo del Llano Rodríguez (1962) Se necesitarían páginas para reseñar siquiera el curriculum de este hiperkinético cultural por definición. Pero vamos a intentarlo. Ante todo, humorista: su primer chiste, nacer en Moscú y ser más cubano que el dominó (aunque ni baile ni le guste la pelota) y uno de los más recientes, (esperemos que no el último) engordar después de más de 35 años siendo un flaco convencido. Director del inolvidable grupo NOS-Y-OTROS desde su fundación en el 82 hasta su llorada disolución en el 97. Fundador del Festival Humorístico Aquelarre y ganador de sus premios en varias ocasiones. Guionista de peliculas insoslayables del cine cubano... como la descacharrante, irónica y censurada Alicia en el pueblo de Maravillas y la multipremiada La vida es silbar, pero también de las comedias Kleines Tropicana y Hacerse el sueco, una casi ignorada, la otra duramente castigada por la crítica... injustamente (humilde opinión personal de los antologadores) en ambos casos. Pero sobre todo, escritor. Solo: Novelas fantástico-épico-cómicas como Obstáculo y Tres, sarcásticas revisitaciones de las andanzas gulliverianas como Los viajes de Nicanor, libros de cuentos carcajeantes pero que hacen pensar (¡y de qué manera!) como El beso y el plan o Cabeza de ratón. Y, con Walter Ego de Nos-y-Otros, Luis Felipe, o con todo el grupo, más títulos infaltables como Virus, Basura y otros desperdicios, Los doce apóstatas, Un libro sucio, Aventuras del caballero del Miembro Encogido... y una larga lista de plaquets no solo humorísticos, sino de ¡ciencia ficción! ¡poesía! ¡cuentos infantiles! como Cuentos de Relaxo I, II, Criminales, Nostalgia de la babosa, El elefantico verde... y (¡uf, qué manera de escribir... y publicar!) También en el extranjero: por ejemplo, la iconoclasta novela originalmente titulada Arena que se publicó en Italia como La clepsidra di Nicanor, tras merecer mención especial en el Premio Italo Calvino. Si alguien quisiera todavía objetar su presencia en esta antología, e ignorara sus gustos de viejo rockero (y su envidiable colección de vinilos y CDs), bastarían a como credenciales sus polémicos artículos El rock como Estigma I y II y su vívida crónica de un concierto de sus adorados Rolling Stones en Austria, trabajos publicados todos en las páginas de El Caimán Barbudo para legitimarlo. Pero un cuento como Los Beatles, además de ser el exquisito homenaje de un conocedor a los Fab Four de Liverpool, figura en este volumen por derecho propio. Simpática desmitificación de los “sublimes mecanismos de la creación artística” a la vez que revancha del hombre común, esta absurda (¿absurda, de verdad? El correo, en realidad, tiene sus cosas, qué cubano no lo sabe...) historia caracteriza y caricaturiza de modo magistral las personalidades de estas cuatro estrellas de rock, indiscutibles donde las haya.