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Rapsodia Bohemia Imprimir E-Mail
escrito por Sergio Cevedo Sosa   

RAPSODIA BOHEMIASergio Cevedo Sosa
Galileo, Galileo, Galileo, GalileoGalileo, fígaro –magnífico-but I´m just a poor boy –nobody loves me-from a poor familyBohemian RapsodyQueenQueenPoco después llegaron Dioni, Puig y El Yuma. El Yuma con sus sandalias cochambrosas. Parecía un grillo caminando sobre los arrecifes.El día transcurrió de lo más bueno. Al principio no tanto. Yo sin deseos de hacer nada. Dioni sacó dinero y nos compramos malta. Entonces pude darme cuenta de qué hambre. Dioni es un tipo espléndido: nos las pagó a los cuatro. Para comprar la malta tuvimos que movernos porque lo que  es en esta playa del Tritón no venden nada. A veces, por agosto, cuando la gente está de vacaciones y en la costa no cabe nadie más, plantan dos o tres quioscos y dale. Una malta, en verdad, no es casi nada; pero no había más dinero. Qué le ibamos hacer, señaló el Yuma, vámonos. Puig se quedó un poco atrás sorteando los bolsillos; una peseta. ¡La vida misma, nos salvamos!, aunque a decir verdad, una malta entre cuatro... Vimos que Puig se empinó el vaso, y en menos tiempo del que tardamos en creerlo se la había echado entera. Miré al Yuma y a Dioni: tremendas caras. A mí no me hace gracia la gente casasola, tan individualista, pero no dije nada porque en definitiva el Yuma y Dioni lo conocían de antes y debían ser ellos quienes abrieran fuego. No le dijeron nada. Por mí el tal Puig tenía una cruz.Cuando volvíamos, tropezamos con Belkis y Sandralee, Gatillo y otro a quien yo no conocía. Bueno, acababa de llegar. Sandralee se quejaba porque yo no traía la guitarra y así la cosa no valía. Me besó a flor de labios y después besó al Yuma, corrido, hacia el mentón, porque en ese momento el Yuma se desentendía mirando para el cielo ¡Dios!, recordó entonces Dioni, vámonos al Castillo antes de que a otra gente se le antoje.Vamos.Ese es nuestro lugar en esta playa. También en 110 o en 34 o en la playita 16 solemos agruparnos en sitios fijos. Aquí son esas rocas levantadas  en forma de columnas: las torres del castillo. Hacia el centro se asientan otras rocas cada vez más pequeñas entre o sobre las cuales nos acotejamos.Lo primero es quitarnos todo el trapo. Nos quedamos en trusa. No es nada aconsejable dejar los pies descalzos, esto es puro arrecife, dienteperro, y anda sato el erizo desde el mismo momento de penetrar al agua. Me baño con los tenis. El Yuma no es un grillo sino un tipo genial con sus sandalias. Los pies que Puig extrae de adentro de sus botas son callosos y recios; a él que va a importarle si pisa vidrio o un pedazo de lata o el afilado dienteperro. Sandralee le hace burla de sus pies que parecen tractores y yo no sé por qué se los envidio y ahora deseo tenerlos yo también. Alguien prende un cigarro. Fuma un poco y lo pasa. Casi siempre es el Dioni. Esta vez por variar, correspondió al desconocido (desconocido para mí) inaugurar el fumadero. Se llamaba Juan Luis y los demás lo conocían. A juzgar por su aspecto no coge mucha playa.Entramos en el agua. No es prolongado el chapuzón aunque el agua está fría, como se necesita. Cuando volvemos, empieza Belkis con el lío de su asqueroso dorador. El dorador mejor del mundo. Mejor que el de las tiendas, los de afuera, mejor, mucho mejor. Desde que la conozco le vengo oyendo el cuento: me la tiene pelada. Amiel, un salvavidas de allá de Varadero le había enseñado a prepararlo. Oigan la fórmula. A dos dedos de aceite mineral se le agregan dos más de aceite de coco y unas goticas de petróleo (puede ser gasolina de aviación). Luego se añade la mitad de un frasquito de yodo y se agita y se agita: esa es la base. En otro pomo tenemos agua oxigenada con esquirlitas de jabón (el de baño es mejor, puede sustituirse por champú): ese es el catalizador. Luego se mezcla de ambos pomos sobre la palma de la mano en el momento de emplearse y ya. Si alguien quiere probarlo...Ella es la única que lo usa a pesar de sus muelas de loca propaganda y ni siquiera Puig se presta. “Belkis par de pomitos”, nos burlamos y sonríe. Tengo entendido que al principio montaba unos berrinches del carajo. Después nos colocamos sobre lugares más o menos pasablemente planos, para broncearnos con el sol. De frente o bocabajo, cambiándonos de posición de cuando en cuando. Yo me acomodo junto a Sandralee, aunque hoy no me ha hecho mucho caso ¡Qué diferente de aquella vez en la Playita Dieciséis cuando me decidí a llevar a Erika la primera  vez! Ahora la extraño. A Erika. No es que sienta deseos de tocar, no. Gatillo inicia la conversación. Anoche vi en El Atelier a Ariel y al Pluma, ¿se recuerdan? ¡Qué par de tipos esos! Ahora se mueven en una onda extraña... No, no me explicaron bien. Dicen que andar friqueando es comer mierda. Tenían dinero y estaban con un par de niñas...Se conversa de todo, de todo lo que pueda imaginarse, de lo que nadie se imagina, o por lo menos yo no había imaginado. A veces me entra miedo de escucharlos y no sé si están locos, si de verdad piensan  así o hablan sólo para impresionar. Parece que los más camados son Gatillo y Barbosa, uno que no ha venido hoy, del cual los otros hablan siempre con respeto, pero no sé, no sé, no acabo de pasarlo. Desde que lo conozco ha sido igual. Ahora hablamos de rock. Ahí es donde Puig y el Yuma se ripean, llegan a acalorarse con opiniones encontradas y no se acaban de poner de acuerdo. Hay que mandarlos a callar. Sandralee se ha virado y me ha dado la espalda. Puig se echa sobre Belkis que se broncea bocabajo y comienza a frotar, trusa con trusa, a calentarse sobre las ancas de ella. Se la meto, la saco, la meto, se la saco. Sandralee tuerce el cuello y Puig mira pacá, mira que grande se me ha puesto. Yo enseguida aprovecho para pegarme a Sandralee que está diciendo alarde, lo tuyo es sólo alarde, y que por dárselas recula, ni que tú fueras tan caliente. ¿Tú tienes dudas?, salta Puig, ¿dudas yo?, oye, que va, perro que ladra...Y nos sorprende el Dioni parado ¿qué volá?, en lo alto de una piedra y fueteando una camisa. ¿Ustedes en el candeleo y nosotros las pajas?, el Yuma y el Gatillo también con fuetes de camisa, ¡o acaban la candela o los enfriamos a fuetazos! Chaquea de Puig la espalda, ¡coño duele!, otro fuetazo, ¡ay! Dioni, el Yuma, el Gatillo levántense, ¡despeguen!, fuetazo en mis costillas, ¡ay!, los calentones para el agua, fuetazos ¡ay!, a ver si se les baja la temperatura.Tremenda jodedera la que armamos cuando volvimos para el agua. Me banqueteé con Sandralee. Belkis cogió lo suyo. El Dioni y el muchacho que se llama Juan Luis rompieron a nadar para allá afuera. Quedamos cuatro para dos. Puig estrujaba a Belkis y yo con Sandralee. El Gatillo busca a ver, un chance, un chance socios, coño, un chancesito. ¡Echate para allá! El Yuma no participaba, sólo miraba, nos miraba de una manera un poco extraña como con un recelo. Sandralee se escapó, se me fue de las manos por culpa del Gatillo con su cochina pegadera y se aproximó al Yuma. El se quedó ahí tieso. Justo cuando ella lo alcanzaba, se sumergió y vino a salir bastante lejos. Luego empezó a nadar siguiendo al Dioni y a Juan Luis. Sandralee regresó, me daba lástima, y continuó avanzando hasta la orilla eludiendo mi abrazo. Soltó unas palabrotas al Gatillo cuando este la bloqueó a ver si la agarraba. Salió del agua y se sentó sobre una piedra. No creo fuera llanto. ¿Y a esta qué le dio?, gruñó el Gatillo, ¿qué le dio? ¿se las va a dar de santa ahora? Me zambullí y eché a nadar hacia Dioni y los otros, que entonces regresaban.Después que pasó un rato dimos un recorrido por la playa. Vi a algunos de la escuela. Yo no los saludé y ellos tampoco saludaron. Para no estar de vacaciones, bastante gente viene aquí: veamos si conozco a alguien.Belkis y Sandralee son quienes más conocen. Puig pone mala cara cada vez que saludan o conversan. Machos, siempre varones, las señala, que cohetones son las dos. Dioni y el Yuma van delante, también saludan mucho. Claro, viven aquí en el propio Miramar. Yo no vivo tan lejos, puedo venir a pie. Y los demás proceden de otros barrios más o menos lejanos. Sin embargo, conocen, por lo menos a cuatro o cinco tipos. Yo no conozco a nadie. Hasta ahora sólo he visto a una vecina, viejuca ella, y me hice el desentendido.Belkis, Puig y el Gatillo se marcharon en cuanto comenzó a ponerse el sol. El Yuma y Sandralee habían cogido por su lado tan misteriosamente que ni siquiera lo notamos. Quedamos sólo Dioni, el tal Juan Luis y yo.Juan Luis contaba de su beca de donde lo expulsaron porque le habían robado una camisa y él no se iba a quedar así. Cuando intentaba hacer lo mismo, lo cogieron. Luego a la Dirección y adiós, ya está. Lo londo es que en su escuela robaba todo el mundo pero se pone tan dichoso que es a él a quien parten; a él que hasta el momento no había robado un chícharo. Así sucede. No existe la justicia sino la buena o mala suerte. Porque Juan Luis no es un ladrón o por lo menos yo no lo considero como tal. Uno es o no las cosas en relación a los demás y si ocurría así, como él nos cuenta, ¿cómo querían que actuase? Y botarlo de allí fue una maraña y una injusticia y una mariconá, y una manera hija de puta de lavarse las manos y así ignorar todo el problema que no es el de un alumno robando una camisa, y continuar aparentando que no sucede nada: aquí todo tranquilo, quieto, requieto y ya.Más o menos igual fue mi problema pero para qué hablar ahora de eso. Mejor hago como ellos, que han callado, Juan Luis, Dioni, cada uno dedicado a su silencio. No pensar, no pensar; así me digo siempre pero no logro nunca olvidar lo que quiero. No lo puedo evitar. Como si prohibírselo uno mismo fuera razón de más para que acudan a la mente las cosas con más fuerza. Debíamos tener en la cabeza algún botón como el de un radio para encenderse o apagarse a voluntad. Me pasaría el día desconectado. O tal vez no. Quiénsabe. Hay muchas cosas importantes, o por las cuales en definitiva vale la pena no escapar, aunque en este momento no se me ocurra alguna como ejemplo, pues no hablo ya de música, de socios ni de amigos ni de mujeres ni esas cosas, sino de algo que ahora no encuentro como definir porque algo falta o ha faltado o está y sencillamente no ha venido.Toda esa mierda iba pensando cuando Dioni tosió. Fue como si nos despertáramos.Qué raro que no vino Yanheris – le dije a Dioni entonces sin el menor motivo. Fue que se me ocurrió.No sé. No sé por qué. No tengo idea.Lo dijo de algún modo que supe que había estado todo el tiempo pendiente de su ausencia. Luego quiso aclararnos y agregó:Ella es normal.¿Normal?Juan Luis también se interesó:Quiero decir... estudia.Me dio por sonreir.Nosotros somos anormales, ¿no?Más o menos.Juan Luis imitó a un mongo.Vivan los anormales – dijo.

 


Comentarios (1)Add Comment
muchas felicitaciones
escrito por Elizabeth cevedo, 08/27/07
desde venezuela excelente escritor, me gustarìa comunicarme con urgencia con SERGIO CEVEDO, gracias
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